Sobre Yosso

José Porto García &

José Porto García nace en Valbuxán en 1943.

A los nueve años entra en el Colegio de la Compañía de Monforte.

Después de recorrer y estudiar hasta los 19 en diversos conventos y monasterios que los escolapios tenían por España, Xosé deja la sotana, la paz conventual y estudiantil, la filosofía, la teología.

El bachillerato en el Instituto San Isidro de Madrid la reválida de 4º. y la de sexto en el Marqués de La Ensenada de Logroño y dos años de filosofía y uno de teología en los monasterios de Irache (Navarra) y Albelda (La Rioja).

Quizá este hecho desequilibró en parte la sensibilidad de José Porto y violentó su destino para bien de la poesía (José de Valbuxán) y de la pintura (Yosso).

Además y otra vez en la aldea, la actitud y el clima de incomprensión familiar y ambiental le hacen ausentarse de nuevo, empujándolo a la emigración.

Así es que a los 20 estará ya en París. Trabajando, pintando, escribiendo, estudiando. Estudiando siempre.

Y su vida se irá desenvolviendo en un cúmulo incesante de aspiraciones y desencantos, insatisfacciones, abatimientos; y también situaciones apasionadas y aun límites.

Exposiciones, libros, viajes y amigos

Los sueños constituirán su íntima, su verdadera realidad. Y la busca de la perfección y de la belleza, una exigencia. Y ya la pintura y la poesía lo único cierto en su vida. Sus dos grandes amores. Su pasión. Su razón de ser.

Tantos sueños perseguidos han dejado en mí tanto cansancio!

JOSÉ DE VALBUXÁN

Aunque se conserven dibujos, poesías, óleos y acuarelas de cuando tenía doce, once años, José no logrará ver editado su primer librito de versos hasta 1976. Pero antes hará una exposición y pintará por el sur de Francia y por fin, su primera muestra en España, en Madrid, por la que entra en contacto, conoce y será ya muy amigo, entre otros, de Celso Emilio Ferreiro y el Marqués de Lozoya: amistades totalmente decisivas; como decisiva sería 4 ó 5 años después la desaparición de ambos.

Le publican otros dos libros de poemas. Y otro se lo prohibirán en la censura, en la correspondiente sección del Ministerio de Información y Turismo.

Expone en Madrid tres años seguidos. Y también lo hará en París y Londres.

Recorrerá Italia con una pequeña beca o bolsa de viaje que El Marqués de Lozoya le consigue de una conocida entidad cultural o Fundación. Viajará y pintará nuevamente por el sur de Francia. Saldrá en periódicos y revistas, a pesar suyo. Le darán incluso algún premio. Venderá incluso algo.

Pero su especial triunfo o su gran oportunidad le esperaba en su patria chica, en Orense, con la publicación por parte de la Caixa de un enorme y lujoso libro, presentación del mismo y una magna exposición: una muestra antológica de sus pinturas y dibujos; en Galicia aún por primera vez. Y gracias al presidente de la Caixa y expresidente de la Diputación Provincial D. David Ferrer que logra convencerlo al fin y arrancarlo de su voluntario pero incomprensible retiro de Valbuxán y comprarle dos cuadros para la Diputación después de conocer su obra y tras largos años ya de espera, exactamente desde que en 1977 el Marqués de Lozoya y otros le hablaran entusiásticamente de él como “uno de los valores más importantes de la cultura galaica”.

Su exposición en Orense, 1990, no sólo fue la más visitada y comentada en prensa que se recordaba nunca en la ciudad sino también de donde como decían sus vigilantes la gente salía más contenta y satisfecha al comentarles que tarde volverían a ver una exposición como ésa.

Total sin haber hecho apenas exposiciones o prodigádose por ahí; pero diariamente construyéndose a sí mismo; entregado enteramente al Arte sin pedir nada a cambio; sin recurso; prácticamente en la miseria; y ahí está, Yosso, que a pesar de tanta adversidad y pese a la marginación, incomprensión o indiferencia “oficiales” ante su obra continuó incólume y solitario con esa íntima e incontenible rebelión artística a su manera pero auténtica hasta conseguir imponernos a los demás su manera de ver las cosas, su visión del mundo, a través de su pintura, “pintura-pintura”, capítulo aparte tanto por su maestría como por su originalidad y siempre fiel a sí mismo en busca de la máxima belleza, intensidad, pureza, claridad, armonía, alegría, vibración, colorido, luminosidad y perfección.

Realismo con tendencia a la expresividad y desmaterialización

Artista de difícil encasillamiento, Carlos Areán llamó a su pintura “realismo enternecido”. Otros, como Camón Aznar, le dirán “poético”. “Un nuevo, un raro realismo, un realismo distinto, -escribió Trabazo-. Y por lo tanto una emoción nueva”.

Realismo con tendencia a la expresividad y desmaterialización.

“Pintura atmosférica” y “pintura dimensional”, la llamó Gerardo Diego, quien además nos explica en “YOSSO O EL PROFUNDO LIRISMO DE UNA PINTURA VERAZ” ese su estilo “único” a base de sueltas pinceladas que por primera vez en toda la historia de la pintura se van agrandando progresivamente hasta los primeros planos para conseguir ya así las perspectivas, “las más nuevas y rotundas perspectivas”.

Y así, al reconocimiento popular de su obra del que siempre en su entorno estuvo asistido se fue sumando poco a poco no sólo el interés y el fervor sino también el testimonio escrito de casi todos los mejores críticos, escritores, poetas e historiadores de Arte del momento.

Pero claro, si los ha visto, aunque sólo sea una vez, ¿quién puede olvidarse de los ojos de su gatita “A Cosca”, del retrato de su madre o del de su hermana, de Pepiño, de la panorámica de su aldea, de sus cisnes, de sus praderas… Del colorido y “claridad solar” de su pintura?

Para todos los que llegaron a conocerla su pintura viene a ser poco menos que la favorita. Y para muchos “la más deseada de todas las pinturas”. “Esa comezón que -escribió Vallejo Nágera- sólo se calma teniendo un YOSSO”. Los retratos de su madre y el de su hermana valen por una antología del género. Por su intensidad. Por su realismo. Por su sentido de la monumentalidad. Por su potencia individualizadora.

No es él precisamente el mejor relaciones públicas de su obra. Ni le gusta exponer. Nadie ha hecho menos por su arte, por darse a conocer, pero su obra se va ya lenta y segura haciendo camino e irradiando su luz y colorido por todo el Noroeste.

Su labor callada y meritísima –últimamente retornado a la tierra de sus mayores- encerrado allá en su aldea de Valbuxán, obtiene al fin sus frutos. Y ahora ya lo más difícil: profeta también en su tierra, en su patria chica. Donde Alvarado por ejemplo escribe en su crónica de arte JOSÉ PORTO, “YOSSO”, EL PINTOR DE VALBUXÁN: “Por fin hemos podido conocer los orensanos la obra del pintor José Porto, de Valbuxán, en O Bolo, artísticamente conocido por “Yosso”.

Su obra, expuesta en Francia y en Madrid por los años setenta, no había llegado aquí más que a través de dos cuadros que le había adquirido la Diputación. Ahora tenemos su colección de cuarenta y cuatro obras a la vista, merced al patrocinio de Caixa-Ourense, que completa esta exposición con un lujoso catálogo y con la edición de un libro que recoge la casi totalidad de las críticas que sobre él se han publicado, comenzando por las del Marqués de Lozoya, reproduciendo numerosos cuadros a todo color y completando con la publicación de parte de su obra poética, porque José Porto es también poeta.

Es difícil encontrar que sobre un pintor se hayan publicado tantos trabajos, rivalizando en los más explícitos epítetos. Obviamente Yosso, el pintor, utiliza técnica y tendencia proclives al éxito y, amalgamadas la una a la obra, habrán de encontrar, ya no sólo una fácil comprensión en el espectador, sino que da pie a que muchos comentaristas puedan extender sus frases hasta los más amplios horizontes de la exaltación.

Nos encontramos con un personaje singular y hasta controvertido. El rapaz aldeano de Valbuxán, que se va para un convento, todavía muy joven, aun cuando pintaba ya cosas en su pueblo natal; que luego lo abandona para irse a trabajar a Francia, haciendo de todo y, entre otras cosas pintar con un realismo lleno de color, hasta que en los primeros años setenta se llega por Madrid y allí logra, en poco tiempo, el mayor éxito, ya que sobre él escribe toda la pléyade de críticos y hasta literatos y poetas. Pero resulta que el pintor es un personaje introvertido, casi hosco, huidizo, que sonríe tímidamente ante el elogio.

El Marqués de Lozoya lo consagra. Y tenemos, así, un pintor que, aclamado en Madrid, era aquí prácticamente o casi desconocido. Y vive ahora, retirado, en su Valbuxán natal, pintando de vez en vez y haciendo, sobre todo, poesía, en plena madurez, con sus cuarenta y cinco años…”

El cisne de Valbuxán, un libro que le hace justicia

El libro de la Caixa Ourense –“YOSSO-EL CISNE DE VALBUXÁN”-, referencia ya obligada para todo aquel que desee acercarse a su obra, lleva abundosa “Antología Crítica” que firman entre otros José Camón Aznar, Vallejo-Nágera, Campoy, El Marqués de Lozoya, Raúl Chávarri, L`abbé Coll, Gerardo Diego, José García Nieto, Manuel Conde; y los gallegos Celso Emilio Ferreiro, Blanco-Amor, Eugenio Montes, Trabazo, Areán, etc.

“Todos –como dice el presidente de la Caixa y ex-presidente de la Diputación, David Ferrer, en la “Presentación”- abrumadoramente coincidentes en la grandeza y autenticidad de la obra de Yosso”.

El libro lleva también una abundosa y magnífica reproducción a color de casi la totalidad de su obra pictórica; y en una segunda parte, -“Antología Poética”-, casi un centenar de poemas, sacados de catorce de sus libros. Poemas profundos, transparentes. Poesía desnuda, concisa, directa. Apasionada. “Vivencias hondas que nacen en el mismo borde del alma”.

En fin. Toda una obra -poesías, pinturas- en busca de “un mundo más justo, más humano y más hermoso”.

El gozo del color, la gloria de la luz y el esplendor de la belleza

El Marqués de Lozoya, “admirador sincero y constante de la obra pictórica de Yosso y de la obra poética de José de Valbuxán”, a quien estima como “uno de los valores más importantes de la cultura galaica en el apogeo cultural de España de los años desventurados y afortunados en que nos ha tocado vivir”, escribe:

“Pintores hubo que expresándose también en verso nos dejaron poesías maravillosas; y poetas que con colores y líneas o lápices y pinceles nos transmitieron también posturas, aspectos, rasgos fundamentales de su ser íntimo, de su alma, de su espíritu, exteriorizando así doblemente su genio y su carácter: pero raras veces con el equilibrio y la magnitud, la altura, que aquí se dan en Yosso, en José de Valbuxán”.

“Posee una de las pinturas más emocionantes”, dice Camón Aznar. “Una voz de las más puras e inspiradas”. Y añade: “Era hora ya de que la gran pintura volviera a ser. Difícil. Sólo para los elegidos. Pintura de verdad. No basta hacerse pintor hay que nacer.

La poesía tampoco se hace cuando quiere uno sino cuando ella quiere”. “Desde luego es una de las más sorprendentes y maravillosas que hayamos tenido ocasión de contemplar desde hace mucho, -escribió Eugenio Montes-. Gran parte de ella muy bien podría contarse entre la más bella y cautivante por no decir de lo mejor que se viene haciendo en no importa donde desde un tiempo, ya largo, a esta parte”. Por, “la riqueza deslumbrante de su pincel”, por su “evidente maestría”, por “la delicada armonía de sus composiciones”, por “la intensidad y el realismo de sus retratos”, figuras, animales, “maravillosa ejecución”, bello y vibrante colorido, relieve, y esas “nuevas y rotundas perspectivas” construidas a base de sueltas pinceladas que se vienen agrandando hacia nosotros: YOSSO es uno de los pintores más originales y perfectos.

“Un pintor fuera de serie”. “Uno de los más excepcionales e innovadores”. Para Blanco-Amor, Yosso es, “el pintor más claro y luminoso de occidente”. Para otros incluso el preferido, o “el pintor que esperábamos”, “el más pintor de todos los pintores”. “Un pintor distinto y su pintura una pintura diferente a todas”, “un pintor distinto, creador de un estilo diferente”, escribió Celso Emilio Ferreiro. Y José García Nieto le dedica “A Yosso en su pintura”, este soneto:

La tierra extensa está como un teclado	 
esperando tu mano donde toma
temblor de luz, arrullo de paloma
y un mundo de color precipitado
  	
Tú eres el labrador que ha preparado
la eternidad que a la pasión se asoma;
Tienes toda Florencia, toda Roma,
en tu brazo infantil y enajenado.
 
Siembra, sueña, corrige a las espigas
su tentación de oro, su estatura,	 
la voluntad del viento en sus cuarteles.	 
 	 	 
Yo estoy oyendo todo cuanto digas,	 
todo cuanto se calla tu figura	 
y el grito de la vida en tus pinceles.
Pintura pura, poesía pura, es tu pintura, Yosso, poesía de luz y transparencia y milagro y aventura.

Que en millares de toques se desgrana a pincelada suelta y libre en fuga progresiva de musical cascada o surtidor que mana.

A veces, cada beso una hoguera, pinceladas de pasión ardiente golpes o caricias creadoras de luces y de atmósfera y otras, cada beso una flor, besos en la frente.

De menor a mayor creciéndose valientes vienen a mí. Como en oleadas o superficies movedizas se aproximan. Y Yosso el primero y único en ofrecérnoslas así.

Un derroche de luz y de colores, de belleza, de alegría, de armonía plástica y trinos de pájaros cantores…
Gerardo Diego

Todos y cada uno de sus cuadros, al igual que sus poesías, tienen vida propia, tienen luz propia, tienen su alma, viven, respiran, son un milagro.

Un milagro de amor y maestría.

Nos impresionan, nos convencen, se nos imponen, se nos adentran. Nos hablan.

Yosso ha logrado quedar en ellos. Ser él y sólo él. Convertirse en pintura. (…)

Madurez y frescura

Considerado por todos los que le conocemos como uno de los más genuinos creadores, importante entre los importantes a pesar de no ser muy conocido por no hacer exposiciones, por él mismo no darse a conocer y prodigarse, Yosso es un artista personalísimo, único, a su manera, rebelde, inquieto, inconformista siempre, apasionado, revolucionario en su pintura por esa su particular pincelada ya dicha y bello colorido vibrante y puro, intensidad, y profunda originalidad, genialidad y excepcional virtuosismo.

Artista de hondas raíces, realista y lírico, exigente, pintor exquisito y de fina sensibilidad, un gran pintor, un pintor fuera de serie, para muchos incluso el preferido, extraordinario dibujante e ilustrador, poeta magnífico, magnífico pensador, figura señera del arte.

Emigrante aquí y allá sin hogar, sin nada, a no ser sus pinturas y poesías, subsistir, luchar, sufrir, fue su destino. Cisne sin lago. Pero ahí está su pintura, que, a pesar de todo, de su vida atormentada e inquieta, pobre existencia, dolorosa vida, se nos impone, sustantiva, pura, veraz, alegre, encantadora, fascinante, inolvidable, coloquial, resplandeciente. La claridad solar de su pintura.

Soñar también es necesario.

Y sus poesías como la vida misma. Poesía profunda, desnuda, en carne viva, directa, puntual, vivencial. Necesario desahogo.

Pero al fin y como ya dije, siempre iremos a dar a lo mismo: esa mezcla de madurez y de frescura que da a su obra un atractivo único.

En la excelencia de su arte claro y profundo, y la maestría de su oficio, YOSSO constituye un caso aparte, inclasificable: originalísimo creador de una poética pictórica de sólida raigambre realista, nos introduce a una nueva dimensión y un nuevo lenguaje, de gran comunicación, con el exquisito refinamiento cromático de su pintura “tan verdadera”, y la perfección y delicadeza sensitiva de sus dibujos increíbles. Tanto en pintura como en poesía no describe, sino que “vive”
Santiago Amón

Encarnación paradigmática de Galicia

Mucho se ha dicho ya pero mucho más queda por decir de su obra. De sus obras. De tan escondidas que sólo las guarda para sí. Como se explica en la PRESENTACIÓN que “Caixa Ourense” puso al libro que le dedicaron: “Al irrumpir en su obra -más don del alma que fruto de vigilias- vamos, sin duda, a herir una sensibilidad tan prístinamente rural como delicada. Yosso, guardián, cela y oculta sus obras hasta límites que raras veces nos permite acceder a ellas. Y es explicable su actitud, ya que para este soñador, aquellas, no son meras manifestaciones de su alma, sino pedazos entrañables de ella”.

Pero su obra tan auténtica, “impar y reconfortante” y “tan verdadera”, le desborda, tiene vida propia, y José Porto y todo lo que no sea pintura y poesía y su vida -soledad, miseria, incomprensión, indiferencia, sufrimiento y lucha por y para ellas contra todos y contra sí mismo-,

es ya terriblemente, dolorosamente, circunstancial. Se ha perdido a sí mismo pero en ellas reencontrado. Para bien de la poesía y de la pintura. Pues Yosso no es más que pintura y José de Valbuxán sólo poesía. “…Y a partir de todo lo que se le echó encima dejó que su vida, en lo que tuvo de libre disposición, fuese ya sólo hacer poesía, pintar, dibujar: un holocausto al arte”, escribió Eugenio Montes. Desahogándose “en versos humanísimos y en cuadros de una extraordinaria belleza” como dijo Lozoya.

“Pero lo que a Yosso tanto tiempo y tanto sacrificio le costó –nos recuerda Blanco Amor- hoy puede ser y es fruición y regalo y descanso y dicha perdurable e impagable para nuestros ojos y para nuestro espíritu”.

Y así. Qué decir de sus libros: hasta treinta y siete. ¿Qué decir por ejemplo de su vehemente, vigoroso y sonoro HIMNO AL ROBLE? ¿Qué decir de su aún inédita MONTAÑA SAGRADA, profundamente apasionado y apasionadamente profundo épico canto, todo novedad, en expresivos versos libres y armoniosos?

En ella y en él, en LA MONTAÑA SAGRADA su más ambicioso y cinematográfico poema y en el HIMNO AL ROBLE, majestuoso HIMNO AL ROBLE, una de las muestras más brillantes de la poesía épica, respira y vive todo un pueblo.

En ella y en él hizo José de Valbuxán lo mismo que para el pueblo griego hizo Homero. Y más. Porque en LA MONTAÑA SAGRADA José de Valbuxán no recopila y ensambla sino que como un verdadero demiurgo crea y recrea todo un mundo y una mitología, con sus dioses, héroes, guerreros, sus nombres, sus hazañas, sus ideas. Y hasta las palabras vuelven a ser usadas como si usadas fueran por primera vez, recobrando por ello su primigenia pureza, fuerza, potencia, valor, significado.

El día que se publiquen estos versos, estos épicos cantos de José de Valbuxán en LA MONTAÑA SAGRADA, tendrán los gallegos primero entre sus manos y ya luego muchos también en el alma y en el corazón uno de sus más grandes tesoros culturales. Celso Emilio Ferreiro y el Marqués de Lozoya que dijeron y escribieron más o menos esto mismo del HIMNO AL ROBLE, volverían a repetirlo, estoy segura, de LA MONTAÑA SAGRADA, si hubieran llegado a conocerla. LA MONTAÑA SAGRADA, se quiera o no, y el HIMNO AL ROBLE, publicado al final del voluminoso libro que Caixa Ourense dedicó a “YOSSO – EL CISNE DE VALBUXÁN”, se complementan, y si no más sí mejor que cualquier otra cosa vista

dicha, oída o escrita nos acercará de verdad a este maravilloso PAÍS DEL ATARDECER y a sus entrañables habitantes.

Si en otras ocasiones -A FESTA DAS FESTAS, SAUDADE E MORRIÑA OU DOR DE LONXANÍA, CANCIONEIRO Á VIRXE DAS ERMIDAS, BERROS ARRAIZADOS, CONCIENCIA FERIDA- José de Valbuxán encarna la poesía natural e innata de su pueblo, poesía en carne y hueso, en LA MONTAÑA SAGRADA José de Valbuxán es el creador para su pueblo como Homero para el suyo de un remoto pasado mítico donde Osengar su personaje principal -conciencia de nación, conciencia de todo un pueblo- es el ideal heroico de la epopeya. Se llega a tan altísima literatura en el HIMNO AL ROBLE y en LA MONTAÑA SAGRADA que se bastan para que su autor, aunque nada más hubiera escrito, entrara en nuestras mejores Antologías o libros de Literatura.

Qué bello es el EPÍLOGO al final de LA MONTAÑA SAGRADA:

Un jinete en un corcel cruza ante mí,
brillando en la oscuridad de la noche con luz propia.
Y le sigue una joven, bella como una recién casada,
brillando en la oscuridad de la noche con luz propia.
Y de la corteza de los robles se desprenden mil guerreros,
porque esta noche es la noche de Osengar
y en esta noche cada roble es un hombre
y cada hombre un guerrero
y todos participan en la fiesta
brillando en la oscuridad de la noche con luz propia.
Todos brillan en la oscuridad de la noche con luz propia.

Del HIMNO AL ROBLE escribía el Marqués de Lozoya: “José de Valbuxán, …crea con este HIMNO AL ROBLE el poema épico por excelencia del pueblo celta, y uno de los más hermosos de cuantos jamás se hayan escrito”. “José de Valbuxán llega con este poema a la cumbre de su producción literaria, quizá su obra maestra, a la que ni él mismo, joven aún, podrá difícilmente superar”.

Y Celso Emilio Ferreiro: “este extenso y ambicioso poema de insólita originalidad es no sólo un reencuentro con el hombre y el paisaje y la historia de Galicia y exaltación de los mismos sino y sobre todo una afirmación nacional y racial. De nuestro espíritu, de nuestra identidad”.

Y también: “Es el soplo épico que Galicia necesitaba. Y desde luego el poema épico que mejor la representa. Quizá sea también el único. Un canto universal, definitivo. Que surge poderoso, diáfano, y torrencialmente imaginativo…”

Y añade al final: “Clásico y moderno, fuerte y vitalista, emocionante, rebelde, apasionado, épico y romántico, y de una sonoridad increíble, onomatopéyica, un poema tan especial, “casi” perfecto, como EL HIMNO AL ROBLE, no deja sin embargo de recordarme que José de Valbuxán, poeta, es también el pintor “Yosso”, del que hemos visto ya tres magníficas exposiciones aquí en Madrid: exposiciones donde su obra personalísima, “clásica y moderna” al mismo tiempo, se ofrecía a nuestros ojos como la más sensible y delicada de las pinturas, verdaderamente como una lección de refinamiento incomparable. Deslumbrante como sus cisnes. Y una de las más auténticas”.

“¿Qué más decir? Yosso, José de Valbuxán, amante del sol, de la naturaleza, de los cisnes, de todo lo bello y de todo lo bueno, pintor, dibujante, ilustrador, poeta, pensador, genialidad polifacética, encarnación paradigmática de Galicia: Yosso, José de Valbuxán, pintor y poeta, que de Galicia para todos se nos ofrece como la síntesis de su mejor poesía y el museo de su mejor pintura” (Lozoya).

Expresiones bellísimas y obras emocionantes

Su presentador en el libro de Caixa Ourense escribe: “Conocí al artista en la primavera de 1977. Su extraña personalidad me impresionó desde los primeros momentos. Yosso es verdad convertida por gala en sencillez, humildad en delicadeza, sinceridad en candor y, sobre todo, fuerza lírica en emotiva dulzura. Realmente un hermoso y extraño ejemplar de corazón sensible y espíritu libre e inconforme”. Rebelde a su manera.

Yosso renuncia a una carrera estable, como el sacerdocio o la docencia, o a una bien pagada como la militar, y a otras y a otras, y a todas, por una doble vocación artística con un futuro doblemente incierto. Sacrificando así sus perspectivas de carrera y éxito. Entregándose enteramente y sin pedir a cambio nada a sus pinturas y poesías. Pinturas y poesías sinceras y sentidas: “tan verdaderas”. “Arrancando de lo más profundo de su alma, donde “todo está”, expresiones bellísimas y obras emocionantes”.

Obras hondas y claras. Obras palpitantes, llenas de vida. Vigorosas, concisas y brillantes, todo a un tiempo. Pintura atmosférica y pintura dimensional.

La obra de Yosso responde a variados estilos. Pero Yosso es tan cuidadoso y paciente gustador de su propia obra que sin querer ni buscarlo logró, creó y elaboró entre los demás también el suyo: su propio y colorista estilo. Que sus críticos han sabido explicar tan bien.

Pero aparte ese su estilo único a base de sueltas pinceladas que se vienen agrandando hacia nosotros, “el color y el dibujo son los elementos más poderosos de su obra”, aunque de los dos siempre sea el color el que de forma más inmediata produce impacto en los sentidos.

Uno de los más grandes artistas de nuestro siglo soñaba “con un arte puro, tranquilo, exento de lemas inquietantes, que relajara a los que estuvieran psíquicamente cansados con tanta eficacia como …un cómodo sillón”. Con Yosso ese sueño se hace realidad.

Y si a ese pintor al que nos referíamos se le considera “uno de los grandes maestros del siglo XX, tanto por su dominio del color como por la creación de un arte sereno, armonioso y agradable, ¿qué arte más sereno, armonioso y agradable que el de Yosso? ¿Y más original, más personal?

Un arte expresivo y de significación emocional. Un arte serio y valiente. De tan larga maduración y costosa elaboración que lo hacen imposible de emular.

Un nuevo estilo

Sólo, sin ayuda alguna, trabajando cada cuadro como si fuera el único de su vida, o su obra maestra, Yosso fue desarrollando a su gusto y manera sus numerosas innovaciones o aportaciones técnicas y su personalísima pintura: paciente y laboriosa, pincelada a pincelada, pinceladas constructivas, y no juntas o superpuestas que así se ayudarían o apoyarían como en el impresionismo y el puntillismo unas a otras, sino nítidamente y por primera vez en toda la historia de la pintura, como se ha dicho, sueltas y libres y distintas de tamaño, cada vez más grandes a medida que se acercan, cada pincelada una realidad pictórica.

Y éste y así, es el nuevo estilo con que Yosso nos regala.

La perspectiva ha sido sustituida por el empleo de sueltas y valientes pinceladas que mediante su distribución progresivamente agrandándose y alargándose hacia los primeros planos crean una clara sensación de profundidad: “las más nuevas y rotundas perspectivas”. Pinceladas buscando la armonía total. Y que amorosa y magistralmente se traducen en cuadros impresionantes, en sublimes realizaciones artísticas llenas de orden y vida.

Verdad viva

Al igual que todas las grandes creaciones, las pinturas y poesías de Yosso, de José de Valbuxán -una poesía diáfana, musical, innovadora, como su pintura; una pintura llena de color y emoción como su poesía; y donde nos deja al descubierto su carne y su alma-, son algo más que pintura y poesía: son verdad viva.

En ellas se ha dejado todo hasta la piel, la vista, la salud, la vida, el alma.

Él mismo nos dice en uno de sus “PENSAMIENTOS”: “Yo no sé qué cosa es el alma: un espíritu, sentimiento, una herida íntima…; no sé. Pero sé que es lo que dejo en mis cuadros y en mis versos”. Y en otro: “Es mi destino: pienso que el Arte me ha llamado para que le sirva y no para servirme yo de él. No puedo defraudar a mi destino”. Y también: “Si mi vida son dos días, daré uno a la pintura y el otro a la poesía”.

Sí. A ellas se ha entregado enteramente, pasara lo que pasara, apasionadamente, y sin nada pedir a cambio.

Como se explica en la PRESENTACIÓN del libro de “Caixa Ourense”: no son meras manifestaciones de su alma, sino pedazos entrañables de ella.

Son algo más que pintura y poesía: son verdad viva.