Pinturas y dibujos

José Porto García &

Clásico contemporáneo

Numerosos artistas pudieron comprobar el estilo de Yosso y corroborar la belleza de sus obras. A continuación puedes encontrar en diferentes pestañas lo que cada uno de ellos escribió sobre la obra de Yosso, definiéndolo como un clásico contemporáneo.

YOSSO, JOSÉ DE VALBUXÁN

En la excelencia de su arte claro y profundo, y la maestría de su oficio, YOSSO constituye un caso aparte, inclasificable: originalísimo creador de una poética pictórica de sólida raigambre realista, nos introduce a una nueva dimensión y un nuevo lenguaje, de gran comunicación, con el exquisito refinamiento cromático de su pintura “tan verdadera”, y la perfección y delicadeza sensitiva de sus dibujos increíbles. Tanto en pintura como en poesía no describe, sino que vive.
SANTIAGO AMÓN

No es la primera vez que nos ocupamos de la pintura de Yosso.

En la revista “Mundo Gallego” lo hice personalmente y lo han hecho también otros como Carlos Areán. Nºs. 40 y 42.

Para la crítica, para todos, Yosso es siempre una sorpresa agradable, un feliz descubrimiento, algo diferente; y su pintura interesantísima y muy distinta a todas: como algo que estuviésemos esperando, sin darnos cuenta penetra y se va arrimando a nuestras preferencias.

Es una pintura de coloración límpida como una acuarela; luminosa, sincera, apasionada, saturada de frescura, rebosante de vida, estremecida; vigorosa y palpitante. Un trabajo, una obra, llena de carácter y gracia espontánea, admirable sencillez, voluntaria depuración, sonriente firmeza.

Una entrañable, íntima, poética y auténtica fiesta de luz y de color, “paraíso cromático” ; donde los cuadros se hacen verdaderos “poemas de luz”. Cada cuadro un arco iris. Por el que se entra en una atmósfera de luz y aire libre con todas las irisaciones y destellos producidos por la luz solar. Su hábil pincel, y el gran amor, total sinceridad y absoluta entrega que pone en su obra su alma de pintor y poeta son los que logran tanta autenticidad, fuerza, potencia, expresividad y toda esta fragancia de juvenil frescura.

Tres exposiciones seguidas lleva aquí en Madrid, 1974, 1975, 1976, y en ascendente progresión: Centro Gallego, Toisón, Ateneo, …¿qué vendrá ahora? El Marqués de Lozoya se la dejó solicitada personalmente y por escrito en el Ministerio de Cultura, y don Joaquín Calvo Sotelo se la ha ofrecido en el Círculo de Bellas Artes. En cualquier caso aquí está esta presentación que le gustaría y a mí también para acompañar a textos del Marqués de Lozoya y otros.

Como ya lo hemos dicho en la revista “el éxito le acompaña y lo merece” . Porque entre tanta pintura fluctuante y desorientada, y a impulsos de la moda, y tantos sabidos pintores más miméticos que preocupados por lograr una pintura original o más suya: la de Yosso es una obra única, sólo suya, auténticamente personal. Que es lo que importa y lo importante.

Poeta de la luz y del color, de buscarle raíces o parientes, conexiones o afinidades, a su personalísima pintura, tendríamos que remontarnos al impresionismo, de donde arranca, y en Monet, Renoir y Van Gogh particularmente. Y a su temprana estadía en París, 1962, 1963, -que tanto había de marcarle, como antes lo hiciera su larga etapa conventual-, y ya después por el sur de Francia, Narbona, Arles, Marsella.

Toda la policromía del impresionismo se concita, recrea y renueva en la obra de Yosso. Toda la belleza, la pureza, la claridad y la perfección del arte oriental, de la pintura japonesa. Y quizá también por ese colorido vibrante, ardiente, luminoso, ligero y transparente sus cuadros tienen tanto vigor que semejan siempre acabados de hacer.

Pero como pintor independiente que es sus obras apuntan soluciones de las más diversas, fruto de su múltiple inquietud.

En Yosso cada cuadro cuenta un planteamiento nuevo y obedece a una óptica nueva. Nos lo explica Vallejo-Nágera. Son “estados de ánimo” , decía Celso Emilio Ferreiro. De ahí que se haga poco menos que imposible encerrarlo o circunscribirlo a determinada tendencia o estilo y que cualquier etiqueta o rótulo aplicado a su pintura “tan personal y tan verdadera” no le siente o le siente como ropa no hecha a su medida.

Habría pues que inventar algo. Y ya lo está. “Realismo enternecido” , Carlos Areán. “Realismo poético” , Camón Aznar. “Pintura atmosférica” “pintura dimensional” , Gerardo Diego.

Posee además un ritmo propio, autónomo, poético, -sueltas pinceladas progresivamente agrandándose, por ejemplo, y otros recursos, muy suyos o sólo de él-, que impide llevarlo a encasillamientos. Y esto debido también a su poderoso y rico intimismo, a su carácter tan independiente y apasionado y claro está a esa su expresión tan personal. Tratado con aplicación preciosista, con solicitud, cada perfil, cada árbol, animal o persona tiene su temblor emotivo. Su propia alma, su piel, su vida. Y es que mientras pinta “le sale afuera la luz del corazón”.

Se partiría por la mitad o trocearía alguno de sus cuadros y cada trozo seguiría siendo “buena pintura” independientemente del tema o del conjunto, porque cualquier parte o porción de la tela o el papel participa por igual en la creación y elaboración de su obra.

Y ya qué decir de sus “magníficos cisnes” que por ellos solos acreditan la existencia de un gran pintor y también de un gran dibujante.

Y digo gran dibujante porque el gran dibujante lo fue ya antes de ser pintor y lo sigue siendo siempre. El dibujo es la base, la verdad, el soporte en toda la obra de Yosso. Para sus óleos, sus acuarelas, sus pasteles, plumillas, carboncillos… Válido también por sí mismo. Como fin. Independientemente. Como otra forma de arte. Como obra de arte per se. Con su propia ley. Y no sólo como obra previa, prueba o boceto, a desarrollar luego con otros materiales. Y ya lo sabemos: “los dibujos son lo más sincero de un buen pintor” , según Picasso.

Críticos de arte como José Hierro lo explicaron muy bien al recordarnos incluso “cómo el dibujo, más de una vez supera a la pintura por lo que tiene de obra espontánea, nacida de un impulso que –en el caso de ser el punto de partida para el cuadro- se pierde al traducirlo al lenguaje de la pintura”.

Pero hay algo más en Yosso. Al mismo tiempo y a la misma altura es también poeta. Y José de Valbuxán es su otro yo, y el nombre elegido para firmar sus libros de poesía. Poesía y pintura son pues aunque mundos tan distintos y aun opuestos paralelamente como las dos vías, necesarias, para José Porto llevar adelante el tren de su existencia más íntima, de su realización.

Como Antonio Machado al que tanto nos hace recordar José de Valbuxán en su ya abundante creación poética, da doble luz a su verso “para leerlo de frente y al sesgo”. Y lo mismo a su pintura. Porque su pintura al fin y al cabo es o viene a ser como su poesía: clara, profunda y apasionada. Sentida. Personalísima. Trozos de sí mismo, de su alma. Prolongaciones. Algo en donde ir dejándose. Quedando. Totalmente. Enteramente.

Dejaremos sin embargo par otra ocasión su extraordinario y también complejo y diverso mundo poético del que ya en nuestra revista hemos ofrecido alguna muestra como “Un pobo lonxano” en el Nº. 41, o el extenso poema “Invierno” , Nº. 42. Y donde una vez más, bien se demuestra que la universalidad está en la aldea, en lo particular. Como decía Goethe.

Manuel FRAGA DE LIS

Madrid, 1977

EL PROFUNDO LIRISMO DE UNA PINTURA VERAZ

La sinceridad es el origen del genio.
BOERNE

Queda por el Ateneo, reciente todavía, el aroma suavísimo, el frescor y la fuerza juvenil, y el grato recuerdo, de una pintura entrañable y de las más decentes, la de Yosso; y nuestro segundo y tercer encuentro después de haberle conocido en uno de mis recitales en Puente Cultural; y un cuadro, “Paysage á l´infini”, que como todos los suyos nos habla en silencio, hasta el alma, envolviéndonos en sutiles encantos y en una atmósfera de intimidad y poesía.

“Gran pintor” y “fuera de serie”, lo había denunciado y proclamado Alfonso Sánchez desde su columna en el “diario INFORMACIONES”: “Gran pintor, de muy variada personalidad. Cada cual lo califica y clasifica a su manera arrimándolo a sus preferencias. Pero en Arte la clasificación poco importa, sino la obra. Y la de Yosso es fuera de serie”.

Yosso, como Renoir, al que tanto me recuerda –sobre todo en sus retratos de niños, en su tendencia hacia el uso de pigmentos puros, en los espacios abiertos, y en general en toda su obra fruto de una sensibilidad y testimonio de amor y de ternura-, es un verdadero poeta, un poeta del color, y un artista de múltiples y muy ricas modalidades. Un pintor al margen, distinto, personalísimo; solitario autodidacto; delicado creador también de un mundo aparte, sugerente y entrañable; de variadas y sorprendentes armonías, sinfonías, de espléndida y rara belleza y clara luminosidad. Pero en Yosso, esas menudas, sueltas y espontáneas pinceladas impresionistas, inquietas y animadas, que persiguen con temblor nervioso la danza del sol sobre las formas, se van como distribuyendo por sobre sedosas capas o masas de color ya dadas, y en poderoso ritmo se entretejen, avanzan o retroceden como en oleadas, o superficies movedizas, pero no uniformes, sino –y ésta es la gran diferencia y el gran aporte- progresivamente agrandando hacia nosotros, hacia los primeros términos, valientes y libres, y/o empequeñeciendo hasta mismo desaparecer en las lejanías, en una nueva, original y refinada búsqueda –suave y armónica a la vez que vigorosa y decidida- de relieves, perspectivas, movimiento, gradaciones más sutiles y efectos más delicados, y terceras dimensiones imposibles: logrando en ello y así, encontrar su estilo propio.

Tierna y vigorosa a un tiempo, sólida y sutil, desbordante y contenida, como la vida misma, como la naturaleza, -madres y maestras-, la obra de Yosso, tan verdadera, nos llega con su atmósfera viviente y cálida, y nos sorprende gratísimamente (Campoy), y aun emociona (Camón Aznar), desde el primer momento; rebosante de vida y autenticidad nos atrae y aun subyuga; pues detrás, está siempre el corazón sagrado, la mirada limpia, el poeta, el hombre –el hombre que pinta mejor que un pintor-, devolviéndonos la fresca emoción y la pureza prístina de las cosas, de lo que se ve por vez primera, en un primer itinerario (Raúl Chávarri). Y uno hasta se olvida de lo que en ella hay de tanta cocina y trabajo paciente, en una engañosa apariencia de facilidad que encubre un obstinado quehacer de selección, análisis, autenticidad y búsquedas.

PINTURA ATMOSFÉRICA, PINTURA DIMENSIONAL.- La de Yosso, con “su profundo sentido poético, contenido lírico, en una visión limpia, de la naturaleza y de la vida”, y esos cuadros “sencillos, puros, de técnica directa, sin resabios inútiles” (Manuel Conde), “cuadros y dibujos que no semejan el modo de hacer de nadie, y que por lo tanto corresponden al suyo propio, al de Yosso” (Vallejo Nágera), es una pintura que bien podríamos llamar << atmosférica >>, o también << dimensional >>; y una pintura fuertemente individualizada. << Realista y poética >>, la llama Camón Aznar. Poesía visual, poesía que se ve, poema sin voz. Que a una muy alta calidad aúna toda esa carga de indefinible encanto, poético, y el ser testimonio, o más bien símbolo, “de amor y de ternura”, y estar por lo tanto más allá del idioma pictórico, y aun del recuerdo.

“Es pintura hecha con amor y eso se nota y le da –dice Vallejo Nágera- un especial atractivo que, sumado a la evidente maestría de ejecución despierta en el coleccionista esa comezón que sólo se calma <<teniendo un Yosso>>”. Nos cala, nos penetra y va envolviendo en su atmósfera de intimidad y poesía, de paz y de silencio. Porque nosotros, como Yosso, como el Marqués de Lozoya, como Vallejo Nágera, como todos, buscamos, también, en el Arte, en la belleza, el refugio donde atenuar la angustia de la Vida.

En el nº. 40 de la revista “Mundo Gallego”, Carlos Areán nos deja una amplia y acertada exposición, magistral recorrido, por las según él diferentes etapas que seguir se podrían en la evolución más o menos coherente de la obra yossiana: primeras obras, realismo enternecido, época provenzal, retorno a Valbuxán etapa verde, geometrismo, y momento actualclaridad solar . Habría que poner aparte sus “magníficos” cuadros de cisnes y estanques, y la “rara perfección” de sus extraordinarios dibujos de todo tipo y también inventados (Manuel Conde).

Pero, “cada cuadro de Yosso es un estado de ánimo (Celso Emilio Ferreiro), y a veces las diferentes maneras o estilos yossianos y características de sus distintas etapas aparecen y desaparecen o se entrecruzan, en “acrobáticos saltos”: “como parecer algunos de sus cuadros a la escuela de Manet, otros de la de Gregorio Prieto y algunos surrealistas o aun del informalismo <<a su aire>>. Lo curioso de esta inseguridad en la elección de caminos es que marcha por todos ellos con paso firme y buen oficio” (Vallejo Nágera).

Todo esto, esas búsquedas, esos logros, y sus raíces, y la energía sensitiva de sus creaciones “espléndidas de efectos, sorprendentes de hermosura”, plenas de vitalidad, “de claridad solar”, de juvenil frescor, autenticidad y fuerza, es el arte amable, delicado, sencillo y optimista (Renoir), luminoso, ardiente, apasionado, sincero (Van Gogh), de Yosso; entre Renoir y Van Gogh a veces; y que suscita también en nosotros, como el de aquellos, una sensación de inmaterialidad y aun de misterio.

Quizá la pintura de Yosso sea así, o Yosso pinte así, porque asimismo le gusten y atraigan más, o los que más, esos pintores: Renoir y Van Gogh; como antes lo habían sido y siguen siéndolo en el fondo, siempre, Velázquez y Vermeer. Y otros. Las inclinaciones del artista van a sus afines: Rubens a Tiziano, Delacroix a Rubens, Renoir a Delacroix, Velázquez a Tintoretto, Cézanne al Greco… El día que le gusten más o tiren más de él, de Yosso, Matisse y Picasso, pongo por caso, tenderá a ser o será ya de otra manera su pintura, -lo son ya sus dibujos-, pero ojalá que tan verdadera como ahora, tan veraz y de tan profundo lirismo.

GERARDO DIEGO

Madrid, 1976

UN ARTISTA ENAMORADO DE SU ARTE Y DE SU INDEPENDENCIA

Entregado por entero, con sinceridad absoluta, a su arte y profunda vocación, YOSSO , es uno de los pintores más auténticos y singulares, un pintor resplandeciente, dotado de una rica y suntuosa paleta y técnicas propias, extraordinario dibujante y colorista, fascinado por la luz y el movimiento de los colores.

Y todo eso sin dejar de ser un gran profesional y de los más diestros y de más talento. “Claro ejemplo de cómo un pintor –escribió Trenas- puede seguir siendo muy de su tiempo, de un tiempo y de un lugar, sin perder por ello el contacto con la constante de la gran pintura”.

Es también poeta, con el nombre de José de Valbuxán , y “uno de los grandes”, como dijo el Marqués de Lozoya . Un pintor pues, con toda la fantasía de los pintores poetas. Espíritu libre e innovador.

Compone, piensa, observa y ejecuta sus pinturas con un gran sentido de la perfección, y de ellas, sobre todo de sus poéticos e insólitos paisajes, espacios de ensueño, caminos, y atmósferas luminosas, emana, un especial magnetismo, un misterioso poder de atracción, un emocionante sentimiento de serenidad y frescor, un coloquio íntimo. Un convencimiento de que estamos ante un enorme pintor. Y “esa comezón que sólo se calma <<teniendo un YOSSO >>, de la que ya hemos hablado en otra ocasión.

Con Yosso es como si se viera todo por primera vez, en su resplandeciente pureza. Y todo en él nos atrae por su autentidad, y con su brillo y color prístino. Y su buen hacer. Es uno sin duda de mis más admirados pintores, por lo que siento enormemente no poder en modo alguno incluirlo ni etiquetarlo o adscribirlo –no debo- por más que lo he intentado y rebuscado a una tendencia o estilo de los ya establecidos. Imposible, encajonar o catalogar su obra en una palabra o frase descriptiva. Es sencillamente un maestro, un superdotado para las artes plásticas, por “su evidente maestría”, que logra como nadie en sus cuadros lo que quiere, un verdadero artista, pero de personalidad tan compleja y fuera de lo común que no es posible sintetizar en pocas líneas ni mucho menos englobar en una palabra. Su depurada técnica y concienzudos croquis preliminares antes de cada cuadro y sobre todo sus asombrosas dotes de dibujante le colocan al margen y hacen rara avis y un virtuoso solista e intérprete muy “fuera de serie” en el concierto artístico actual.

Pero si no debo (caer en la tentación o manía) o no es posible, encasillar o explicar en una palabra o frase determinada el quehacer realmente excepcional de Yosso , sí que quiero hacer constar que sí las merece y las merece todas si la palabra o frase es laudatoria, elogiosa o implica alabanza y buen hacer.

Cuando la perfección, evidente maestría y excepcional calidad de una obra como la de Yosso nos asombra y sorprende e incluso interesa, atrae y gusta cualquier clasificación o etiqueta sobra.

Algunos, sí, hablan de “hiperrealismo mágico”. Camón Aznar llamó a su pintura “realismo poético”. Carlos Areán , “realismo enternecido”. Y Gerardo Diego , “pintura atmosférica” y “pintura dimensional”. Me quedaría con esto último. Sobre todo por sus paisajes inventados: “Otoño”, “Camino”, “Paisaje al infinito”, “Reflejos en la piscina”, etc.

La verdad es que hay en él muchas pinturas,variedad de temas, estilos propios, y aún etapas muy diferenciadas. Y el ser poeta le da también a su pintura otras dimensiones.

Y así. Cada cual le califica a su manera, arrimándolo casi siempre a sus preferencias. Pero en Arte la clasificación poco importa, sino la obra, y la de Yosso es fuera de serie, decía Alfonso Sánchez en el diario INFORMACIONES. Pintura de primera calidad, de primer rango. Pintura con mayúsculas. Pero también pintura gratísima.

Sencillamente de lo más gratificante que hoy pueda verse en pintura.

BIOGRAFÍA.- Yosso, José Porto García , nació el 31 de enero en Valbuxán , provincia de Orense, en el seno de una familia humilde de campesinos, como escribe el Marqués de Lozoya , aunque su padre era también carpintero. Hasta los nueve años no saldrá de la aldea. Pero desde los nueve a los dieciocho estudiará con los escolapios, en Monforte, en Villacarriedo, en Getafe. La Reválida de 4º. En el Instituto de San Isidro de Madrid. La de 6º. En el Marqués de la Ensenada en Logroño. Y tres años de filosofía en los monasterios de Irache y de Albelda de Iregua. Abandonará la carrera eclesiástica y pasará luego a París y más tarde pintará por el sur de Francia, Narbona, Arles, Marsella, y en Narbona mostrará por primera vez sus cuadros y con el nombre de Yosso . Después de recorrer Italia viene a Madrid y expone tres veces y en años sucesivos, en el 74, en el 75 y en el 76. Por mediación de Campoy contacto con su obra –y escribo sobre ella aún sin conocerle a él personalmente-, y ya luego también con el propio autor. Su pintura “interesantísima” ( Campoy ) y “tan verdadera” ( José García Nieto ) me llega al corazón e intento por todos medios adquirir obra suya pero los precios se habían disparado en esta última exposición, y en un intento también por parte del autor de conservarla en cuanto le fuera posible, al límite. De todas maneras había vendido ya cuatro o cinco cosas. Campoy ante Lozoya y ante mí se le ofrece a vender toda la exposición si le dejaba hacer y cambiar algunos precios.

-¡Cómo! ¿Vender todo? ¡Pero si esto es lo único que tengo!-, respondió Yosso . Le digo: -Bueno. Pues pintas más, que lo haces muy bien y se te nota una gran facilidad-. Y Yosso : -¡No, que me cuesta mucho!, y sabe Dios si podré pintar más…-. –Pero, ¡por qué, Yosso !-. –Es que la vida da muchas vueltas y no se sabe, y no vale hacer planes-. -¡Pero Yosso !, ¡cuando se es joven no se puede pensar así!-. Y entonces le propuse que se estuviera dos o tres días más por la exposición o hasta su clausura y ya luego se regresara a su tierra a pintar, que cuando tuviese obra me avisara que yo me encargaría personalmente del montaje aquí en Madrid, en Alemania o en Estados Unidos, donde él quisiera o a mí me llamaran a dar conferencias: -Tú sólo tienes que seguir pintando-, le dije. Pero nada. Yosso no creía en nadie: sólo en su obra; o no quería trabajar, pintar, para nadie o por esto o por lo otro, temiendo perder su libertad. Pero, claro; lo que nosotros queríamos es que siguiese pintando; pero más. Y ya me entero de cosas. Por ejemplo, de que era también poeta, muy buen poeta, a punto ya de publicar. Y de que le gustaba también mucho escuchar música como a mí aunque a él era la música de jazz la que más le entusiasmaba. Y de que pintaba desde niño. También de que tuvo muy buenos profesores de pintura con los escolapios, uno de ellos incluso pintor y profesor de Bellas Artes de San Fernando. Aunque sus grandes maestros serían los grandes y pequeños museos y exposiciones y libros pero sobre todo la Naturaleza y por supuesto la práctica o dedicación (consagración) absoluta. De ahí sus grandes conocimientos técnicos adquiridos y desbordadas posibilidades a sumar a las ya innatas; porque Yosso , como escribió Lozoya , “nació ya pintor y nació ya poeta”.

En mi presentación a su tercera muestra del Ateneo de Madrid escribía: “es pintura hecha con amor y eso se nota y le da un especial atractivo, que, sumado a la evidente maestría de ejecución, despierta en el coleccionista esa comezón que sólo se calma <<teniendo un YOSSO >>; pues sobre el mérito evidente de la obra actual de este artista se vislumbra la posibilidad de que suba rápidamente a niveles del más alto rango”. Con esto casi estaba dicho lo esencial. Mérito, originalidad, especial atractivo, importancia, evidente maestría, excepcional categoría. Vida y autenticidad imposibles de encerrar en tendencia alguna.

YOSSO AL DESCUBRIMIENTO DE UNA NUEVA PINTURA.- También hablaba en esa presentación de los diferentes caminos seguidos por Yosso en su pintura y de su marchar por todos ellos “con paso firme y buen oficio”. Pero sobre todo de esa su manera tan especial y sólo suya y que ya antes había cautivado a Lozoya : en un grupo de cuadros en los que por medio de sueltas pinceladas puntos o casi puntos en las lejanías y agrandándose y alargándose progresivamente hacia los primeros planos se consiguen valientemente las más nuevas y rotundas perspectivas, cosa bien sencilla pero que nadie nunca en la historia de la Pintura había llevado a la práctica, pues nunca ningún pintor se había atrevido o se había valido así de esas sueltas pinceladas gradualmente aumentando de tamaño o agrandándose hacia nosotros para conseguir las perspectivas.

Siempre a la búsqueda de la humilde verdad, sincero y espontáneo, y siempre igual a sí mismo pero distinto como un río al igual que Goya , y aun apasionado de sí mismo como Rembrandt Van Gogh , el amor por la obra bien hecha le devora. Y la obra bien hecha es su premio y única meta.

Pinta para sí, o sólo para esforzarse o para llegar al máximo de sus cualidades o posibilidades; sin prisas, con técnicas muy depuradas, pero dejándose ir; sólo para sí, con pausada delectación, y por ello a su manera, ecléctico, aunque se sepa, o porque se sabe, muy bien todos los cánones; que él resume en su eclecticismo y su sentirse libre, auténtico. Y así su técnica suelta, minuciosa y vibrante, su buen hacer, y su humildad franciscana le llevan a una obra verdaderamente portentosa; una obra sorprendente, y resplandeciente; llena de atmósfera, de potencia plástica, de vitalidad, de luz y de color; llena de armonía, de música, ritmo, movimiento y garra expresiva. Una obra de exquisita calidad, intensa, vigorosa, “interesantísima” (como me dice también Campoy ), defensora de los más altos valores, y quizá el canto de cisne que continúa en su modernidad con la gran pintura.

Sus creaciones, son primero funcionales, esquemáticas, geométricas, -sólido dibujo, sólida composición-, y luego se van haciendo más y más bellas y perfectas e increíbles armonías cromáticas, a fuerza de paciencia, amor y maestría. A fuerza de sentirlas. Pequeñas pero sustanciales obras maestras. Ricas de tiempo y espacio que es lo que nos hace falta. Obras personalísimas, exquisitas, íntimas. Para entregarse al placer único de la mirada y del encantamiento. Y en las que la magia de la luz suele sustituir a la realidad.

UN PINTOR CON ESTILO PROPIO – UNA PINTURA NUEVA Y VIVA.- Inspirado, “proteico”, apasionado y expresivo, Yosso es además, como ya dije, el creador de un estilo nuevo muy personal, un estilo fácilmente identificable en la mayoría de sus cuadros, un nuevo hacer, con un nuevo lenguaje, directo, perfecto, nítido, “claro como la luz solar”, a base de esas sueltas pinceladas que se vienen agrandando progresivamente hacia nosotros en armónicas, originales y valientes perspectivas nunca hasta ahora así logradas. Y todo aparece ordenado en un ritmo y movimiento totalmente nuevos, recién descubiertos.

Un nuevo estilo o manera y nueva forma vital: una nueva forma vital.

“Y los tonos luminosos y brillantes inspirados por la primavera armonizan magníficamente en mil delicadezas”.

Pese a su tremenda soledad y continuas privaciones y depresiones y serias penalidades su obra irrradia optimismo y alegría. ¿Por qué? Misterio. Será la alegría interna y ese bien-estar consigo mismo y todo su amor al arte y a la belleza y el placer de pintar y toda su alma, que se transmite a su obra y palpita en sus cuadros haciéndolos si cabe aún más atractivos.

“Es una de las pinturas más claras y luminosas de occidente, y ello sorprende sabiendo donde nació”, escribió Blanco-Amor .

Siempre sincero y espontáneo aun en su eclecticismo se conjuga la más dulce y fluida poesía con el más duro hiperrealismo. Y en fin. Pinta como quiere y en su versátil, “una, proteica y libre” ( Celso Emilio Ferreiro ), pintura, es capaz de todo. Hasta de vuelos personales “a su aire”: altos vuelos pictóricos, decía Eugenio Montes . Siempre magistrales. Como también en sus dibujos, que “van desde un realismo perfecto hasta el más puro y original creacionismo” ( Lozoya ).

“ Yosso es un pintor distinto y su pintura una pintura diferente a todas” ( Celso Emilio Ferreiro ). “Y es que nos trae un nuevo, un raro realismo, un realismo distinto.

Y por lo tanto una emoción nueva” ( Trabazo ). “Realismo enternecido” ( Areán ), realismo mágico, “realismo poético” ( Camón Aznar ), “pintura atmosférica, pintura dimensional” ( Gerardo Diego ). Cada cual lo califica a su manera. Pero todos coincidimos en lo demás. En todo. “En Arte, la clasificación poco importa, sino la obra, y la de Yosso es fuera de serie” ( Alfonso Sánchez ). La pintura de Yosso , vibra. Respira, palpita, vive. Pintura viva, auténtica. Sus cuadros están llenos de claridad y aire puro, y en ellos resplandecen los más cálidos y luminosos colores. Y es que por estas pinturas de Yosso transidas de claridad y surgidas espontánea y alegremente, y con los más vivos colores en su radiante cromatismo, “colorido ardiente y resplandeciente”, parece circular el aire libre. Pintura atmosférica, sí. Y también realismo, realismo “enternecido”, estremecido, poético. Realidad trascendida, temblorosa, palpitante, vibrante, auroral, como recién descubierta, virginal, poética, inocente. Aire puro y una nueva luz y una nueva manera decimos entre sueltas pinceladas progresivamente agrandándose en perspectivas nunca hasta ahora así logradas. Su formación es clásica. La perfección y la belleza son la meta en todas y cada una de sus realizaciones. Y aparte el color, que siempre impacta de forma más inmediata los sentidos, el dibujo es el otro elemento más poderoso de su obra. Adora al arte antiguo. Egipto Grecia . Adora el Renacimiento . Adora sobre todo a Miguel Ángel . Y se identifica plenamente también con los impresionistas. Especialmente con algunos: Renoir Van Gogh 

Y no obstante, o pese a su gran admiración por Renoir Van Gogh , su obra “tan verdadera”, tan llena de vida y personalizada, todo frescor y luminosidad y franqueza natural y energía vital –y en la que está presente siempre el esplendor de la naturaleza en flor-, delata SU siempre PRESERVADA AUTONOMÍA PICTÓRICA y nos deja UNA PROFUNDA IMPRESIÓN DE AUTENTICIDAD.

“Parmi les pintures les plus vrais, decentes, pures, claires, frais et originaux de ce siécle qui se rapproche a sa fin, il y a à coup sur cette de Mr. Y OSSO , tonique et réchauffant, qui reste éloignée, de tout mouvement pictural, pour demeurer, tout seul libre et vigoureusement personnel, dans un monde poétique, hors du temp et de modes qui ne se démodent pas” , escribía en Narbonne L´abbé Coll .

Muy bien se le podrían aplicar también a Yosso aquellas palabras dedicadas a Chardin : “aúna increíblemente la humildad de un primitivo con la solidez de un impresionista. Flota sobre su tiempo por encima del bien y del mal”.

Cuánta humildad y cuánta grandeza hay en él y hay en su obra. En cada una de sus obras: verdaderos regalos visuales, magníficos y humildes, serenos y palpitantes. Fingida sencillez pero ambiciosa. Amor y maestría. Espontaneidad y franqueza de ejecución, luz radiante y radiante cromatismo y alegría o tormento de vivir sólo para pintar. Sí. Para pintar, con el frescor y la espontaneidad más actuales, unas obras personalísimas, que llevan dentro de sí la irradiación de una presencia y la posibilidad de un coloquio íntimo.

Poesía y sensibilidad exquisita que por el camino de la inteligencia o mentalmente, se sublima y deja trasparentar el alma.

P. D. – Pinta, Yosso , pinta. No dejes de hacerlo, para no defraudar a los que han creído en ti, que somos muchos los que amamos tu pintura y serán más si te das a conocer. Me atrevería a decir que lo serían todos. Así es que a ver si expones pronto como dices y que este texto te anime a ello, y házmelo saber, porque son ya muchos años sin saber de ti ni ver nada tuyo. Además un día te dirá Dios: Sí, sí, Yosso . Todo eso que me dices está muy bien. Pero ¿qué ha sido de esos dones que te he dado? Así es que pinta, Yosso , pinta, hasta imponernos esa tu manera de pintar, de ver, que tanto nos subyuga, ya que con la pureza de tu mirada vuelven a nacer las cosas.

Juan Antonio VALLEJO-NÁGERA

Madrid, 1986

IRRADIANTE PINTURA

Yo avanzo solo, por caminos que nadie ha abierto antes…
MIGUEL ÁNGEL

La creación artística es una larga y penosa andadura personal, un largo y difícil camino de búsquedas, tanteos, ensayos y errores, personales, que se traducen no en tal o cual estilo o manera de hacer constante o uniforme, sino en numerosas experiencias plásticas y épocas o etapas tan difíciles de apreciar en toda evolución o trayectoria artística, que, obras de un mismo período pueden ser clasificadas muy distintamente.

¿Cómo pues atreverse a poner etiquetas?

¿Cómo pues resumir la realidad y complejidad de una creación artística?

“Cada cuadro de Yosso es un estado de ánimo”, escribió Celso Emilio Ferreiro.

¿Cómo pues sintetizar o encerrar en pocas palabras tan rica y variada personalidad artística?

“Gran pintor, de muy variada personalidad. Cada cual le califica o clasifica a su manera y arrima a sus preferencias. Pero en Arte la clasificación poco importa, sino la obra. Y la de Yosso es fuera de serie”, se dice en el diario “Informaciones”.

Yosso en cada cuadro crea, recrea, inventa, la pintura, como si cada cuadro fuera el único o ya el último de su vida, compendio de su arte o su obra maestra. Y en cada cuadro sorprendiéndonos con toques geniales y soluciones personales a problemas concretos. Ora con el lienzo en posición horizontal deja caer y extiende unas gotas de aguarrás por el azul recién pintado del cielo para conseguir las nubes, ora trocea con una cuchilla o navaja restos de pintura seca al borde de los tubos o en la paleta que así luego aplica a la todavía húmeda corteza o troncos de los árboles para darles aún más rugosidades y relieves y por ello mismo también más fuerza y expresión o ya espolvorea finísima arena por piedras y paredes también recién pintadas para hacerlas aún más verdaderas, …y otros geniales recursos así sobre la marcha, pero sobre todo y ahí están por gran parte de su obra esas sueltas y atrevidas pinceladas que se vienen poco a poco y por primera vez en la historia de la pintura separadamente agrandando y alargando hacia los primeros planos o al revés, desde los primeros planos decreciendo hasta perderse allá por los fondos luminosos de sus cuadros regalándonos así con las más nuevas, las más originales, las más claras y las más puras perspectivas.

Estamos pues ante una nueva manera de concebir el espacio, ante una nueva manera de representar el espacio, de construir el espacio, ante un nuevo lenguaje, ante una obra enteramente original, ante un auténtico creador, Yosso, con un nuevo estilo, un estilo propio, un estilo único, sólo suyo, personal e intransferible, como el del Bosco sólo del Bosco, el de Rembrandt sólo de Rembrandt, el del Greco sólo del Greco, el de Renoir sólo de Renoir o el de Van Gogh sólo de Van Gogh y el de Modigliani sólo de Modigliani. Un nuevo estilo que Gerardo Diego y el Marqués de Lozoya supieron muy bien detectar y explicar, ellos los primeros.

Nuevo estilo por otra parte lento y costoso, aunque aparente todo lo contrario. Pero no hay mayor mérito que trocar o hacernos ver lo difícil fácil.

Intensa, vehemente, fervorosamente, con pasión, con amor infinito, con paciencia infinita, pero también con esa “evidente maestría” que la más exigente y especializada crítica le reconoce, Yosso es capaz de entregarse, se entrega, enteramente a su obra, a su arte, por amor al arte, sin nada pedir por ello a cambio, en una casi imposible, increíble pintura “pura”, pintura por la pintura, arte por el arte.

Cada calculada pincelada una apasionada caricia, un beso, consciente, lúcido, pero a la vez tierno y emocionado. “Posee una de las pinturas más emocionantes”, escribió José Camón Aznar. Ternura y emoción, frescura y jugosidad, a la par de tanta exigencia, tanto vigor y tanta maestría –con Yosso se realiza el milagro y coexisten-, fluidez, vida, estremecimiento, a flor de piel, por sus praderas y trigales, por sus arboledas y montañas, en sus paisajes inventados, por sus estanques, por la piel de la mar y del cielo y de todas las superficies y cuerpos que nos ofrecen sus cuadros con esos toques, latidos, pulsaciones, golpes o caricias, valientes pinceladas sueltas e irradiantes progresivamente agrandándose en cadencia desbordante.

“Como en oleadas o superficies movedizas”. Hacia nosotros. Irradiando. Construidas pero a la vez libres e intuitivas. Descubriendo un universo de nuevas dimensiones.

Una nueva manera de construir el espacio, una nueva dimensión, una nueva emoción plástica y espacial en la que no sólo los colores alejan, el azul, o aproximan, el amarillo, o son puro sentimiento o estado de ánimo, como en Van Gogh, sino que en Yosso la misma pincelada cada vez mayor o menor gradualmente progresiva o regresiva también aleja o aproxima y da la profundidad, la perspectiva, y aun en cada color distintas perspectivas. Nuevas y variadas perspectivas en el mismo cuadro. Y eso es lo que Yosso nos ofrece, al menos en gran parte de sus cuadros: pinceladas que separadamente se vienen agrandando y alargando hacia los primeros planos, o al revés. Pinceladas con una realidad autónoma. “Y Yosso el primero y único en ofrecérnoslas así”, como dice Gerardo Diego.

Y ya por el resto de sus cuadros también su utilización de los colores puros aplicados directamente sobre la tela con pinceladas muy expresivas y recreando la realidad nos traen el recuerdo de sus pintores más queridos, y así junto a clasicismos y realismos lejanas características impresionistas, divisionistas, expresionistas, sintetistas, fauves y todo lo mejor de lo mejor de todos los estilos.

Pintor aislado innovador, robinsón solitario, libre, inconformista, exigente, como procurando expresarse y expresar siempre lo máximo con lo mínimo de materia pictórica, en su búsqueda de originalidad, de más mérito, de perspectivas complicadas, de relieves y profundidades, de efectismo, de efectos de luz, de claridad, de armonía, y de la máxima belleza y perfección posibles, y de todos los demás valores que hacen eterna y viva la pintura…, Yosso un día se dio cuenta pintando allá por el sur de Francia , Narbona, Arles, Marsella, 1974, de que con pinceladas sueltas y así dispuestas de menor a mayor creciéndose hacia los primeros planos no tenía ya que preocuparse por conseguir lo que siempre en todo intentaba, la profundidad, las perspectivas, porque esas mismas pinceladas así dispuestas gradualmente ya construían sin más el espacio y daban la sensación de profundidad. La cosa que en Yosso devino totalmente instintiva, casual o espontánea no podía ser más sencilla, pero la verdad es que nadie hasta ahora lo había hecho o se había atrevido a tanto: nadie en toda la historia de la pintura se había servido o valido de esas sueltas pinceladas así distribuidas para por sí mismas que nos dieran ya la perspectiva.

Interesantísima, original, innovadora, y por lo tanto revolucionaria la pintura de Yosso entra sin embargo por los ojos y nos llega al alma. Escribe Trabazo: “Es una pintura bellísima, única, inolvidable, representativa, coloquial. Una pintura vital, y de expresión muy nueva. Recreada con amor pero sin prisa. Obra lenta. De ahí que sea escasa. Y quizá también lo de no hacer exposiciones, ya que se la reserva en la medida de lo posible. Pero una vez se la conoce se la prefiere no sé por qué, pero es también lo que les pasa a aquellos que me hablaron de ella”.

Pero como este gran solitario se mueve en círculos tan reducidos, pero como este gran creador solitario clásico y moderno a un tiempo, intemporal, camina y se hace al andar su propio, diferente y nunca hollado camino, estilo, aparte, único, sólo suyo, pero como este gran caminante solitario dice su canción sólo para quien consigo va, y totalmente por libre, fuera de las modas y al margen de los centros oficiales de poder, de dinero y de cultura y personas que los representan y dirigen –cultura oficial, con el poder, cultura dirigida-, Yosso, “un pintor distinto y su pintura una pintura diferente a todas, un pintor distinto, creador de un estilo diferente”, como decía Celso Emilio Ferreiro, sufre sin oportunidades su aislamiento, su abandono, marginación y olvido “oficiales”, y su obra tanto pictórica como poética seguirá sin publicar, sin exponer, y así será más tardíamente conocida y reconocida y por lo tanto amada por el gran público.

Pero claro, Yosso también tendría que cambiar algo –el caso es que por ello no cambiara también su pintura-, salir de su mundo, pintar también para vender, hacer exposiciones, mostrar su obra “tan personal y tan distinta a todas”, darse a conocer –también contra todo y contra todos-, prodigarse más. Aunque me temo que esto no va con Yosso. Pero lo quiera o no él y lo quieran o no esos otros que hoy lo marginan, algún día o poco a poco su obra “impar y reconfortante” con tanta carga de contenido, tanta cocina, tanto trabajo, tanto esmero y cuidado, tanta entrega y tanto arte y tanta autenticidad, responderá por él. Se hará camino, como el que él mismo en solitario se ha abierto en Pintura. Y permanecerá ya para siempre su pintura entre las más interesantes, puras, limpias y bellas de por aquí, de allá y de cualquier parte. Y también entre las más originales y perfectas.

Y permanecerá por muchas cosas pero sobre todo o más por introducir en la Pintura esa novedad o atrevimiento de valerse de la pincelada suelta o claramente delimitada y agrandándose y alargándose poco a poco o gradualmente sobre ya otras capas de colores más o menos lisos o uniformes creando así una nueva perspectiva, una nueva dimensión y un nuevo medio de expresión. Un nuevo lenguaje. Porque la ventaja plástica de este procedimiento es que él lo utiliza como un nuevo lenguaje. Él el primero así. Y es que no solo hay novedades o se hace vanguardia en las capitales o grandes ciudades sino en cualquier parte por el mundo adelante allá do la luz llegue.

Sí. En las ciudades hay pájaros, vencejos, gorriones y palomas, aves de ciudad, pero el que quiera buscar un ave de hermosos colores y maravilloso canto y aun otras de altos vuelos tendrá que perderse por apartados, silenciosos y escondidos parajes y montañas como los paisajes tan puros, limpios y luminosos en los que Yosso vive y que con tanto amor y maestría sublimiza en sus cuadros.

“Yo avanzo por caminos que nadie ha abierto antes”, decía Miguel Ángel y Yosso podría decir lo mismo por similitudes de carácter y muchas cosas arriba dichas sobre todo por esa su manera única de representar o construir el espacio a base de sueltos toques que poco a poco y separadamente se crecen y alargan en pinceladas a medida que se nos acercan. “En perspectivas nunca hasta ahora así logradas”. Y ampliando así los horizontes de la Pintura.

VALENTÍN PAZ ANDRADE

Vigo, 1979

POETA, PINTOR, SENSIBLE HOMBRE GENIAL

Pocas personas me ha impresionado desde el primer momento tanto y tan gratamente como el poeta José de Valbuxán, pintor también con el seudónimo de Yosso, exquisito y profundo poeta y gran pintor de muy variada personalidad, extraordinario dibujante, ilustrador, sensible hombre genial.

Pero qué difícil por no decir casi imposible hablar brevemente de su arte, de su vivir para pintar y vivir para escribir, de su humanidad, de su hondo temblor estético y humano, o sintetizar en pocas líneas tan compleja y fuera de lo común personalidad. Porque Yosso, José de Valbuxán, entregado enteramente a la Pintura y a la Poesía, a sus pinturas y poesías, en cuerpo y alma y sin nada pedir a cambio, se nos ofrece en cada cuadro como Van Gogh y en cada una de sus poesías como Rosalía de Castro o Miguel Hernández todo entero y verdadero. Y no valen explicaciones. Sino ver sus cuadros, su fabulosa e inigualable pintura, y leer sus sentidos poemas. Es su propia vida la que va en ellos.

Y ahora me apoyaré en mis amigos Viñolas y José García Nieto para seguir hablando de José de Valbuxán, de Yosso. Pintor puro, pintor-pintor y poeta puro, poeta y pintor hondo y claro, actual mas de íntima clasicidad, o clásico y moderno aun tiempo, intemporal, “raro ejemplo de cómo un pintor puede seguir siendo muy de su tiempo, de un tiempo y de un lugar, sin perder por ello el contacto con la constante de la gran pintura”; poeta vital, vivencial, de vigorosa inspiración y a veces enérgicos arranques raciales, poeta rebelde y de una extraordinaria sensibilidad que vuelve a llevar la lírica y la épica a una de las cotas más elevadas, “poeta universal”, poeta del pueblo como lo llamó Celso Emilio Ferreiro, que canta a su tierra, a los problemas y sentimientos de sus gentes, a Dios y a la materia, al amor y a la amistad, al renunciamiento y la misión del propio poeta, -en poemas “escritos en una riquísima variedad métrica y aun métricas muchas veces inventadas”-, y sustancioso y distinguido pintor, sugestivo, personalísimo, caso muy aparte, personalidad inconfundible, “maestro de maestros”, se ha dicho.

Nada me extraña que historiadores de arte como El Marqués de Lozoya, Lafuente Ferrari, José Camón Aznar, o críticos de arte como Carlos Areán, Raúl Chávarri, Manuel Conde, Santiago Amón, Trabazo y escritores y poetas como Blanco Amor, Eugenio Montes, Celso Emilio Ferreiro, Gerardo Diego, José García Nieto, Constanza López de Ayala, Helena Villar Janeiro, etc. etc., le arrimen a sus preferencias y dediquen tan hermosas páginas.

Cada cual le califica a su manera pero todos coinciden al explicarnos las peculiaridades de su estilo REALISTA Y POÉTICO. Como también todos coinciden en la grandeza, originalidad y autenticidad de su obra. “Realismo poético”, escribió Camón Aznar. “Realismo enternecido”, lo llamó Areán. “Un nuevo, un raro realismo, un realismo distinto. Y por lo tanto una emoción nueva”, decía Trabazo. Y Gerardo Diego: “pintura atmosférica”, “pintura dimensional”.

Pero cualquier tentativa de clasificarle íntegramente dentro del panorama estilístico actual o precedente está condenado al fracaso. Su obra es sólo suya, personal, distinta, única, intemporal, fuera del tiempo y de las modas. Hay un proverbio árabe que dice “los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres”. Yosso, José de Valbuxán, caso atípico, tanto en sus pinturas como en sus poesías rompe la norma, a nada se parece, sólo a él mismo. Como escribió Celso Emilio Ferreiro, “Yosso es un pintor distinto y su pintura una pintura diferente a todas; un pintor distinto, creador de un estilo diferente”.

Sus personalísimas maneras de dibujante y de pintor le permitieron además crear para gran parte de su obra un estilo propio, que, a base de sueltas, limpias, libres y valientes pinceladas pero no juntas o superpuestas que así se ayudarían unas a otras mismo pudiendo dar gato por liebre, oveja por asno, sino totalmente separadas y distintas de tamaño al venir progresivamente –y ésta es la gran innovación o aporte- agrandándose y alargándose hasta los primeros planos cosa en verdad bien sencilla pero que a nadie nunca antes “en toda la historia de la pintura” se le había ocurrido o se había atrevido a llevarlas así a la práctica como bien explican sus críticos –o al revés: pinceladas que en progresiva disminución, gradualmente fugadas hacia la infinitud concurrente de los últimos planos, convergentes allá en el infinito profundo de los mágicos fondos de sus cuadros-, nos ofrecen “las más nuevas y rotundas perspectivas” y aun a veces varias o diferentes perspectivas en el mismo cuadro. “Perspectivas atmosféricas, espaciales, dimensionales: PINTURA DIMENSIONAL.

Cada cual le califica o clasifica a su manera arrimándolo a sus preferencias pero en Arte ello poco importa sino la obra y la de Yosso es fuera de serie, se ha dicho.

PINTURA IRRADIANTE. Toda luz y color.

Es pintura hecha con amor y eso se nota y le da un especial atractivo que sumado a la evidente maestría de ejecución despierta en el coleccionista es comezón que sólo se calma <<teniendo un Yosso>>, se ha dicho también.

Siempre auténtico, pero lúcido y consciente, entregado en vida a la Belleza, Belleza con mayúscula, y celoso y escrupuloso en la búsqueda para todas y cada una de sus obras de la máxima armonía y perfección posible, apasionado por la claridad y la obra bien hecha, depurando y puliendo implacable y continuamente sus versos, sus pinturas, hacia la esencia y tras la síntesis, en un anhelo creciente de totalidad y eternidad, Yosso, José de Valbuxán, llevó adelante él solo contra todo y contra todos su doble aventura, plástica, poética, sostenido sólo por su fe y confianza o seguridad en sí mismo.

Paciente y reflexivo, pero también tremendamente apasionado. Dejándose en ello la piel, la salud, el alma, la vida. En sus poesías, toda su vida y su circunstancia. Necesario desahogo. Y en sus pinturas toda su ansia, todo su anhelo, de luz, de colorido, de alegría, de armonía, de equilibrio, de belleza, de perfección. Como necesaria búsqueda también de todo lo que le falta o echa de menos. De todo lo que la vida no le ha dado. Y en su peculiar estilo, un estilo pronto consolidado, su inconformismo y profunda rebeldía a su manera: rebelde a su manera.

Muy suyo, aparte, marginal, en su vida y muy suyo, marginal, por libre y “fuera de serie” también en su obra. Personal, distinto, inconfundible, único. Creador de una nueva sensibilidad. Creador de una nueva dimensión.

Santiago Amón escribió: “En la excelencia de su arte claro y profundo, y la maestría de su oficio, Yosso constituye un caso aparte, inclasificable: originalísimo creador de una poética pictórica de sólida raigambre realista, nos introduce a una nueva dimensión y un nuevo lenguaje, de gran comunicación, con el exquisito refinamiento cromático de su pintura “tan verdadera”, y la perfección y delicadeza sensitiva de sus dibujos increíbles. Tanto en pintura como en poesía no describe, sino que vive”.

Yosso, José de Valbuxán, ha logrado lo más difícil e interesante, lo más importante también y lo más bello, lo que sólo los elegidos logran: que su obra tenga vida, que su obra palpite, respire, tire de nosotros, nos aproxime, nos atraiga, enamore, acaricie, hable y llegue al alma.

Por toda su obra, “tan orixinal e xenuina” la misma intensidad, la misma irradiación, la misma fuerza. El mismo mágico y potente poder hipnótico. La misma sinceridad y autenticidad. El mismo amor y la misma maestría.

El mismo vigor apasionado y exigente que le anima, que anima su vida, anima su arte, su plástica, sus poesías.

Es su vida misma lo que aparece o circula por sus poesías, por sus cuadros. Creaciones ejemplares. Por sus poesías, tan auténticas, fiel reflejo de su vida. Por sus cuadros, tan auténticos, así pensados y construidos, así necesitados, como necesario complemento a su poesía; así queridos, buscados y soñados.

A través de sus poesías podemos saber de su suerte, de cómo le va, de cómo le ha ido, de sus inquietudes y soledades, de sus alegrías y tormentos, de sus pasiones e ilusiones, de sus grandes sentimientos y explosiones emocionales, aunque atemperadas por la razón, de todos sus avatares personales, costumbres, querencias y carencias, tropiezos y desengaños, de los pormenores de su carácter, de las variaciones de su humor, de las circunstancias amables y dolorosas que le tocó vivir.

Y a través de sus pinturas –en las que para nada se deja transparentar su dolorosa vida- de toda su apasionada y exigente búsqueda y anhelo de la máxima claridad, colorido, belleza, pureza, fuerza, expresión y perfección, para todos y cada uno de sus cuadros. Como todos los críticos resaltan.

Camón Aznar al hablarnos de la pintura de Yosso dice: “Era hora ya de que la gran pintura volviera a ser. Difícil. Sólo par los elegidos. Pintura de verdad. No basta hacerse pintor hay que nacer. La poesía tampoco se hace cuando quiere uno sino cuando ella quiere”.

La pintura de Yosso es una obra de lenta, reflexiva y paciente maduración, elaboración y ejecución. Muy trabajada y laboriosa, aunque a veces aparente todo lo contrario. Difícil, exigente, sabia, consciente, lúcida, construida. Y sin embargo –duplicidad contradictoria- toda ella rebosando sinceridad y autenticidad, frescura y fluidez, emoción y poesía, fantasía y expresividad, misterio y vida. Y lo digo, porque en su obra Yosso hace tan fácil, natural y sencillo lo difícil –en Arte nada hay más difícil que la sencillez, decía Miguel Ángel- que hasta puede hacernos olvidar su lenta y oscura maduración y costosísimo trabajo.

Pero ahí está. Cada cuadro, cada poesía, vive, respira, tiene vida propia. Cada cuadro, cada poesía, un milagro de amor y maestría. Y recíprocamente que la genialidad de su obra se transmite también a su persona.

Y ahí está, como se ha dicho de su pintura, esa mezcla de madurez y de frescura que da a su obra un atractivo único.

Y estas palabras de Trabazo: “Es una pintura bellísima, única, inolvidable, representativa, coloquial. Una pintura vital, y de expresión muy nueva. Recreada con amor pero sin prisa. Obra lenta. De ahí que sea escasa. Y quizá también lo de no hacer exposiciones, ya que se la reserva en la medida de lo posible. Pero una vez se la conoce se la prefiere no sé por qué, pero es también lo que les pasa a aquellos que me hablaron de ella”.

Solo, sin ayuda alguna, entregándose con pasión, con paciencia infinita, con trabajo infinito, apasionadamente, a su doble aventura, él sigue adelante su camino, despacio pero seguro, despacio para hacer las cosas bien, paso a paso, “verso a verso”, como decía Manuel Machado, pincelada a pincelada, millares de pinceladas, “a millares de toques”, como decía Salvador Rueda en uno de sus sonetos: “Brota a miles de golpes la escultura,

a millares de notas la armonía, a millares de letras la poesía y a millares de toques la pintura”. Y así. Volcándose enteramente. Dándolo todo. Dejándose en ello la vida. Siempre tras la plena satisfacción y la obra maestra. Pero pintando sólo para sí y a su manera. Y si luego gusta lo que hace también a los demás es cosa aparte.

No pinta la realidad. Sino lo que quiere. “La realidad así no es –dice- pero yo así la veo”. Y en esa encarnizada lucha entre la sensibilidad o los sentimientos y la realidad en la que al fin todo artista se ve involucrado, más que la realidad lo que le interesa y busca es la verdad. La verdad desnuda. La esencia, casi inaprehensible. Ética y estética a la vez. La verdad: más real que la realidad. Temporal, fugaz, móvil, cambiante, como la vida misma. Pero que él a través de su arte hará intemporal y eterna.

A Yosso en su pintura “tan verdadera” dedica José García Nieto este soneto:

La tierra extensa está como un teclado
esperando tu mano donde toma
 temblor de luz, arrullo de paloma	 
 y un mundo de color precipitado.	 
 	 	 
 Tú eres el labrador que ha preparado	 
 la eternidad que a la pasión se asoma;	 
 tienes toda Florencia, toda Roma	 
 en tu brazo infantil y enajenado.	 
 	 	 
 Siembra, sueña, corrige a las espigas	 
 su tentación de oro, su estatura,	 
 la voluntad del viento en sus cuarteles.	 
 	 	 
 Yo estoy oyendo todo cuanto digas,	 
 todo cuanto se calla tu figura,	 
 y el grito de la vida en tus pinceles.

Un magistral soneto para una magistral pintura. Pintura pura, desnuda, inocente. Como su poesía. Pintura exquisita, llena de color y plasticidad expresiva, para iniciados, para exquisitos seguidores. Pintura voluntaria y hondamente exquisita y elaborada, extremada en el color con su “radiante cromatismo” y exacta en el dibujo, rigurosa, precisa, firme, segura, a la vez que sentida, fresca, fragante, palpitante, luminosa, estremecida, emocionante. “Posee una de las pinturas más emocionantes”, decía Camón Aznar. Y Blanco Amor: “Yosso es el pintor más claro y luminoso de occidente”.

Pintura distinta, innovadora, creadora, originalísima, y por ello revolucionaria. Pintura vigorosa, colorista, irradiante, revolucionaria, simplificadora. Como su poesía. Pintura y Poesía con mayúsculas.

Cuantas cualidades y valores se quieran o desee uno encontrar en su arte están. Virtuosismo compositivo, rigor formal, supremas maestrías, pero también realistas desenfados y aun raras genialidades.

Validez artística o valoración de lo puramente pictórico, es lo que Yosso nos ofrece contra tanto exitoso facilismo decorativista en boga. Puros y elevados valores artísticos, valores eternos.

Tanto en sus paisajes y figuras como en sus retratos o en sus composiciones inventadas Yosso obra con muy aquilatados valores de pintor, “colorista impar y asombroso dibujante” conjugando maravillosamente colores, contornos, volúmenes y luminosidad.

De otros, pintores oficiales o que los organismos oficiales mismo han convertido ya en ídolos vivientes… De otros actualmente en boga o muy conocidos –lo de muy conocidos depende ahora de tantas cosas-, se dirá el día de mañana: imitadores, mucho; innovadores, poco. O simplemente ya no se dirá nada. Por no lograr llevar a cabo una obra auténticamente personal. Pero con Yosso estamos sin duda ante uno de los artistas más valiosos, importante entre los importantes, de hoy, de ayer y de mañana. De Galicia, de Europa y del mundo.

Para Eugenio Montes la pintura de Yosso es “desde luego una de las más sorprendentes y maravillosas que hayamos tenido ocasión de contemplar desde hace mucho. Gran parte de ella muy bien podría contarse entre la más bella y cautivante por no decir de lo mejor que se viene haciendo en no importa dónde desde un tiempo, ya largo, a esta parte.

Y Celso Emilio Ferreiro escribe al final de su PRESENTACIÓN al “Himno al roble” de José de Valbuxán: “Clásico y moderno, fuerte y vitalista, rebelde, apasionado, épico y romántico, y de una sonoridad increíble, onomatopéyica, un poema tan especial, casi perfecto, como el HIMNO AL ROBLE, no deja sin embargo de recordarme que José de Valbuxán, poeta, es también el pintor “Yosso”, del que hemos visto ya tres magníficas exposiciones aquí en Madrid: exposiciones donde su obra personalísima, “clásica y moderna” al mismo tiempo, se ofrecía a nuestros ojos como la más sensible y delicada de las pinturas, verdaderamente como una lección de refinamiento incomparable. Deslumbrante como sus cisnes. Y una de las más auténticas”.

La verdad es que si “la Salvación es para el poeta, la Obra, que lo hace perdurable, lo salva de la aniquilación y lo incorpora al Ser total e inmanente de la Belleza”, lo mismo podríamos decir para el pintor. Y así muy en particular o doblemente para José de Valbuxán, Yosso, pintor y poeta, exquisito y hondo poeta de vigorosa inspiración y gran pintor de muy variada personalidad, colorista impar, extraordinario dibujante, ilustrador magnífico, sensible hombre genial.

JOAQUÍN CALVO-SOTELO

Madrid, 1989

MAESTRO DE LA OBRA BIEN HECHA

Le génie n´est que l´enfance retrouvée a volonté.
CH. BAUDELAIRE

En el Ateneo (de Madrid) hemos visto una exposición de esas que sólo muy de cuando en cuando o una vez pasan ante nosotros. Rara como un milagro, distinta, única, con un aroma y una frescura especial, como un vino selecto o manjar delicioso para especiales gustadores, no sólo por su exquisitez sino porque su autor, también poeta y a la misma altura, no se prodiga para nada. Su obra es su vida, es su alma, sus sentimientos y pensamientos, sus ideales, y hace de ello una cuestión personal que no gusta de mostrar en público. En ella se confiesa y en ella se entrega totalmente sin nada pedir a cambio. En su intimidad creadora.

“Si mi vida son dos días daré uno a la pintura y el otro a la poesía”, nos dice sin más José de Valbuxán este poeta que firma sus pinturas con el seudónimo de Yosso. Un pintor de cuño propio. Independiente. Artífice creador.

En sus poesías, José de Valbuxán es como es y como le va con todos sus avatares personales y su filosofía de la vida; humano y más que humano. Puro grito. Es la verdad desnuda, la verdad humana, en carne viva, estremecida, cúmulo de humanidad. Su vida tal cual, como le va, impresiones, inquietudes religiosas y sociales, recuerdos, vivencias, soledad, misterio. Y ausencias. Un árbol desgarrado y desarraigado, fuera del paraíso, caminando, por los oscuros y silenciosos caminos del bosque, interior, hacia el hogar de las montañas, las montañas de la juventud, donde siente su hogar perdido. Náufrago, solitario y dolorido caminante. Un ser buscándose a sí mismo, su conocimiento. Estrella errante. Y que se encuentra y nosotros con él en la refinada ternura, acendrada pureza y estremecedora autenticidad de sus viscerales y apasionados poemas al acertar a quedar en ellos con el aliento y la experiencia vital de sus propios sentimientos que resultan ser también los de los demás, clamor de humanidad, conciencia humana, voz del pueblo, a sufrir con el dolor y la miseria de los demás humanos, y a luchar a su lado, por ellos, por su liberación, por su esperanza, desde la angustia y desolación de los enfermos y oprimidos especialmente y de los innombrables vagabundos, pobres o desheredados que deambulan en interminable soledad y degradante marginación.

Pero en sus pinturas deja de ser lo que es para ser lo quiere ser y la vida no le ha permitido: Yosso, radiante claridad, color, luz y alegría, armonía, belleza, equilibrio, perfección. Pequeño demiurgo fundador de una nueva realidad, de una realidad más personal y más profunda, de un mundo distinto, de un universo propio, y de un estilo, inconfundible en gran parte de su obra cuando por primera vez en la historia de la pintura sueltas pinceladas se nos acercan gradualmente agrandándose y alargándose o a la inversa decreciendo hasta fondos de impresionante belleza por los que detenerse y perderse, definidoras de espacio y creadoras de horizontes nuevos y nuevas perspectivas nunca hasta ahora así logradas.

Nuevas realidades y por lo tanto nuevas emociones. Una nueva manera de ver y de sentir las cosas. Imponiéndosenos con su poderosa autenticidad, silvestre vitalidad y maestría. Esa maestría que en Yosso se combina con la alegría del niño eterno, pues pese a todo perdura en él el niño capaz de ver el mundo con ojos nuevos.

Con ojos singularizados, con ojos diferentes, es decir, con ojos creadores. Con ojos limpios y transparentes como su pintura. Ojos abiertos de par en par a la magia, al sueño, al amor, a la alegría, a la maravilla y el prodigio de la luz, del color y de la vida.

“El genio es la infancia reencontrada”, decía Baudelaire (1). En Yosso y su pintura pálpito, latente y vivificante, de ingenuidad y lucidez, de frescura y madurez, irrefutable madurez, de libertad y vida, de capacidad creativa, de alegría y renovación de la perspectiva reconstruyendo plásticamente el espacio aéreo: “pintura atmosférica”, “pintura dimensional”, irradiando desde la introspección de un mundo propio, fuente de toda creación.

Uno se encuentra en el fondo de sí mismo. Si sabe buscarse. Y tras largas horas o días y años de enclaustración voluntaria del espíritu.

Con sabiduría, con primor, con amor infinito, con tremenda ilusión, con mimo, con pincelada cuidadísima íntima y certera, Yosso, este pintor pintando con el alma en busca siempre de la máxima belleza y perfección posibles en cada uno de sus cuadros, sincero y verdadero artista ajeno a los ruidos de la moda y sus artificios, insobornable, fiel a sí mismo, ardiente, lírico y perfecto, se convierte en el maestro del extremo cuidado, en el maestro de la Obra Bien Hecha.

Obra perdurable. Soberbia lección de bien pintar. No sólo por la maestría sino también por la hondura con la que la realiza.

Su pintura es pintura para contemplar, para estudiar, para demorarse, en su orfebrería y contenido, para admirar, para gozar, para ser vista y oída con devoción en soledad, entre pocos adictos. Pintura como reflexión sobre sí misma. Y pintor que pinta sólo para sí. Pintura sentida y sublimada. Eterna pintura. Pintura a fuerza de poesía, paciencia y buen hacer. Aprisa nada se hizo bien. Y lento se llega más lejos. Y más vale poco y bueno. Lo contrario podrá ser crónica, reportaje, relato, situación, mensaje, mercancía, panfleto, editorial o testimonio, pero rara vez frente a todos y contra todo, modas y sinonimias, su personalísima manera y buen hacer. Su pintura sustantiva, esencial, venida a luz tras largo parto con su riqueza cromática y complicadísima urdimbre o contextura. Su aliento estremecedor, su estremecedora pureza, su estremecedora vitalidad. Calidad diferencial. Una de esas obras que demuestran tanta más calidad cuanto más veces y más tiempo la contemplamos, cuanto más larga y profundamente nos sumimos en ella.

Si es posible todavía en los tiempos que corren, en nuestro tiempo, un pintor digno y auténtico capaz de mitigar o transformar la amarga y cruda realidad soñándola una pura fiesta de color, luz y alegría, contra todo y contra todos creando a su gusto y manera su propio mundo y su propia modulación pictórica y de volverle la espalda a esa realidad dada y a todo lo dado, vuelto de cara a su paraíso y su verdad contra conocimientos impuestos o adquiridos y rutinas, ese es Yosso con su especial pintura perdurable e inmarcesible, viva, temblorosa, borboteante, emocionada. Personalísima. Sólo idéntica a sí misma. Interesantísima. Una pintura solitaria. Impresionante.

Original y genuino, silencioso, afable, sencillo, aunque pictóricamente una de las dicciones más refinadas, Yosso es tal vez “ese pintor que esperábamos”, como escribieron entre otros Camón Aznar y Campoy.

A su pintura “tan verdadera” dedicaron emocionados textos los más importantes de entre los críticos españoles e historiadores de Arte como José Camón Aznar, Lafuente Ferrari, Areán o el Marqués de Lozoya y también poetas como José García Nieto, Gerardo Diego, Blanco-Amor o Celso Emilio Ferreiro.

Camón Aznar, para quien Yosso “posee una de las pinturas más emocionantes”, ha señalado que: “Era hora ya de que la gran pintura volviera a ser. Difícil; sólo para los elegidos. Pintura de verdad. No basta hacerse pintor, hay que nacer. La poesía tampoco se hace cuando quiere uno sino cuando ella quiere”. Y José García Nieto remata su soneto a Yosso con “el grito de la vida en sus pinceles”.

No es de extrañar que su obra sea ampliamente elogiada y que sus críticos, unánimes en el reconocimiento de su pujanza creadora, le arrimen a sus preferencias y abunden en estimaciones de la más alta consideración porque pintura pintada con el alma a las almas llega. Y esta pintura, vive, respira. Tiene alma. Un soplo creador la recorre. Un nuevo aliento creador, un swing, la transita, la anima, vivifica y sublimiza. Y al contemplar y escuchar sus cuadros todos sentimos una especial emoción porque aparte lo dicho y siempre esa “evidente maestría” en ellos de una obra total es evidente también que han sido concebidos, pensados y realizados con el amor, el cuidado y el primor de un amante de la Obra Bien Hecha y la querencia del que busca en ellos en cada uno de ellos acercarse a la máxima belleza y perfección, a la obra maestra, y como única recompensa la satisfacción del espíritu. Pues que nada hay como el placer de la obra bien hecha. Y para un pintor nada más importante que ver que en sus obras sus intenciones se cumplen. Que sus resultados se adecuan a sus intenciones. Y Yosso lo consigue.

Y con luz propia. Un mundo propio. Pintando como el mejor él es distinto.

Sobre las modas y los días prevalecerá el aliento estremecedor, estremecedora pureza y estremecedora vitalidad y maestría de esta pintura, soberana pintura, honda pintura, pintura sustantiva, puente, fuente, abriendo espacios, puertas, ventanas, a nuevas esperanzas, a nuevos horizontes, claro amanecer, luminosa cima del sentir y del crear y por ello culminación y por ello única, irrepetible, necesaria.

JULIÁN GÁLLEGO

Madrid, 1977

(1).- El genio es simplemente la infancia redescubierta a voluntad: “Le génie n´est que l´enfance retrouvée a volonté”.

Al descubrimiento de una nueva pintura

UNA NUEVA VISIÓN, UN NUEVO CAUCE EXPRESIVO

Un artista tiene que estar, todo él, en su obra. Hacer una obra sin sentirla es prostituirse.
PICASSO

Llegar a la pintura de Yosso, a su pintura “tan verdadera”, -pintura “ATMOSFÉRICA”, “DIMENSIONAL”, o realismo “ENTERNECIDO”, como se la ha llamado-, es como acercarnos o aproximarnos a su misma piel, porque en ella desde luego Yosso ha dejado la piel y toda su vida. O mejor dicho la mitad de su vida. Pues la otra mitad se la ha llevado la poesía, esto es, José de Valbuxán, su “alter ego”.

“Si mi vida son dos días, / daré uno a la pintura/ y el otro a la poesía”, nos dice en su libro “RESONANCIAS”, uno de sus veintitantos libros todavía inéditos.

Sus cuadros, su poesía, serán pues, como un diario “personal”, claro y profundo, diario íntimo, biografía espiritual, espejo, donde reflejar vivencias, inquietudes, sensaciones, estados de ánimo: todo él. Todo lo que lleva dentro. Y todo lo que le llega. “Ser sincero es ser potente”, decía Rubén Darío. Y servirán de contrapeso y contrapunto, de fuga, de desahogo y rebeldía a su existencia dura y oscura. A sus continuas depresiones entre tanta soledad, miseria, vacío y desencanto. Y tanta “ración de sinsabores” como la vida le ha deparado.

Pero de sus sentimientos y circunstancias personales Yosso elabora, como Picasso, un sentimiento universal, al trascender tanto intimismo, esto es, tanta verdad. Sobre todo en sus poemas.

Lo difícil, claro, es acceder a ellos, o llegar a su pintura. Porque Yosso no se prodiga nada, ni le gusta exponer. Pinta y escribe para sí. Como algo personal o primordialmente personal, no profesional. Aunque su obra y aun a pesar suyo empiece ya ahora a desbordarle. Y a expandirse algo. Gracias también al Marqués de Lozoya. Que le descubrió.

UNA NUEVA MANERA DE HACER PINTURA

En su pintura Yosso se muestra dueño de un mundo propio. Quizás por eso al hablar de “la pintura de Yosso” fuera mejor decir de “Yosso y su pintura”, porque precisamente esa “su” pintura es algo aparte, nuevo, distinto a todo: un nuevo hacer, un nuevo estilo, una nueva manera de hacer pintura. Y por lo tanto una nueva forma también de ver las cosas.

Una nueva visión. Una nueva sensibilidad. Y un nuevo cauce expresivo.

“Un eslabón máis, decía Blanco Amor. Un banzo”. Quizá el que faltaba. “Ó longo o único a ter en conta”.

Y claro ejemplo también de cómo un pintor, una pintura, puede seguir siendo muy de su tiempo, de un tiempo y de un lugar, “sin perder por ello el contacto con la constante de la gran pintura”.

Yosso quiso hacer algo distinto y lo consiguió: con SU PARTICULAR REALISMO “ENTERNECIDO, VIBRANTE Y LUMINOSO”.

Pero en el fondo son muchos los pintores –todos los que él ama: Miguel Ángel, Leonardo, Ticiano, el Greco, Velázquez, Rembrandt, Vermeer, Goya, Monet, Van Ggoh, Renoir, Diego Rivera, Picaso- y varias por lo tanto las pinturas que se encuentran en la pintura de Yosso, aunque todas ellas –como dice Celso Emilio Ferreiro- buscando una síntesis poética y musical. En fin. Que son varios los caminos seguidos por Yosso en su pintura. Y con paso firme y buen oficio. “Lo curioso de esta inseguridad en la elección de caminos es que marcha por todos ellos con paso firme y buen oficio” (Vallejo-Nágera). “Aun dejando aparte sus asombrosos dibujos, que van también desde un realismo perfecto hasta el más puro y original creacionismo” (Lozoya).

Multiplicidad es la palabra.

Y junto al lirismo estará la cotidianeidad; y junto a la línea la pincelada; y junto al orden el desorden; y lo real y lo ideal siempre buscándose y complementándose; por esa necesidad también –como en Picasso- de tocar en todo momento tierra firme. Primitivo y moderno, sencillo y complicado. Todo a la vez.

Cada cuadro de Yosso –escribió Celso Emilio- es un estado de ánimo. De ahí que nos encontremos –explicaba- al lado de una pintura clara y particularmente impresionista o postimpresionista otra casi esquemática o geométrica, o también realista, e hiper-realista, o surrealista, y aun de un informalismo “a su aire”. Todo a su aire. Sí. “Porque Yosso no pretende representar el mundo, sino interpretar su propia vida interior, UNA, PROTEICA Y LIBRE”.

Pero además, Yosso es también poeta. Y naturalmente esto da a su obra otra dimensión. Otras y nuevas dimensiones. Dimensiones que traspasan el campo estricto de la pintura. Haciendo por ejemplo que su pintura vaya aún más allá “del idioma pictórico”. El Marqués de Lozoya lo decía así: “Aparte está también su obra poética que bajo el nombre de “José de Valbuxán” su “alter ego”, probablemente sea una de las manifestaciones literarias más importantes que nunca haya llevado a cabo un pintor”.

UNA OBRA MÚLTIPLE, APASIONANTE Y LIBERADORA

Artista excepcional, rebosante de vitalidad, pintor, poeta, dibujante, ilustrador, a veces escultor, José de Valbuxán, Yosso, es para el Marqués de Lozoya, Camón Aznar, Blanco-Amor, Lafuente Ferrari, Eugenio Montes, Julián Gállego, Trabazo, Celso Emilio Ferreiro, y cuantos le conocen o han profundizado algo en su obra pictórica y poética, uno de los valores más importantes de nuestra cultura.

Firma sus poesías con el nombre de José de Valbuxán. Valbuxán, su aldea natal en 1943. Y sus pinturas y dibujos con el seudónimo de Yosso. Así de contundente y sencillo. Como una buena marca. “Yosso”.

Como poeta, José de Valbuxán, pudo ver ya publicados cuatro de sus libros, pero tiene más de una veintena, exactamente 25, todavía inéditos.

Su poesía recuerda bastante la de Antonio Machado, hermano de otro gran poeta, Manuel, sevillanos ambos, pero hijos de un conocido abogado, catedrático y periodista gallego, también algo poeta.

Es una poesía estremecida y palpitante, clara y profunda, vivencial. Apasionada. Lo mismo que su pintura. “Un poeta con la facilidad de Lorca y la fuerza de un Miguel Hernández”, se ha dicho. Y lo dice también Lozoya en el prólogo para “Horas de ceniza”.

“YOSSO” NACIÓ EN FRANCIA

Desde sus primeros óleos y dibujos que se conservan de cuando tenía diez y doce años hasta los treinta, Yosso, José Porto García, firmará siempre con su primer apellido: Porto. Y será allá por el sur de Francia, en Narbona, Arles y Marsella, y a raíz de su primera exposición en el 74, cuando ya nace o aparece para el Arte y cara el público como Yosso. Yosso, el cantor de Valbuxán. El pintor y poeta de Valbuxán. El pintor de Narbonne. El pintor de los cisnes. El pintor de los niños. De los bosques, praderas, animales, tierras y campesinos entrañables de su Galicia natal (Camón Aznar).

Una revista de Marsella comentaba así su exposición en el Salón de las Naciones del Centro Internacional de Arte Contemporáneo de París: “Il magnifie sousbois, laboureurs figés dans leur mouvement quotidien, paysages ou espaces infinis grâce à un dessin incisif et selon un agencement remarquablement équilibré”.

Estos temas, como dice Carlos Areán, se alternan con otros de propia invención, cuyas formas se ordenan sobre un esquema abstracto, un cubo o una pirámide truncada, vistos siempre desde su interior, cuyo dibujo se sumerge bajo el despliegue de árboles y caminos, cielos y pájaros”.

“Il nous propose un espace maitrisé soumis à sa volonté de construction, et nous offre des volumes se complétant sur un rytme puisssanment évocateur et un chromatisme hors-pair” (La Cote des Arts, nº. 78)

Paisajes inventados, maravillosos e increíbles, casi imposibles, por ejemplo esos caminos, esos profundos, panorámicos y a veces geométricos caminos tendidos al infinito, “a la gran soledad del infinito, esa soledad donde acontece el encuentro entre lo humano y lo divino”, y bordeados de altísimos y esbeltos árboles que se escapan hacia el cielo inundados de luz. Por ellos seguramente que también, Yosso, en su exposición del Ateneo de Madrid, recibía de José Camón Aznar quizá el más bonito piropo que ha tenido o que se ha llevado una pintura, una exposición: “Mañana traeré a mi mujer”.

AUTENTICIDAD Y LIBERTAD

Denominador común en todas y cada una de sus composiciones, autenticidad y libertad son las palabras por las que apuesta Yosso. Son su lucha particular. Son su combate. Su respuesta. Su íntima querencia: restituirlas, conservarlas, defenderlas, en su arte. Contra viento y marea. Contra todo. Y la presencia de ambas como ejes dominantes por toda su obra son sin duda su gran aportación, su mayor logro. Su trascendencia. El quid de su éxito. Y por todo ello quizá el aspecto a poner más de relieve.

Y así, pese a, o precisamente también por su azaroso subsistir y duras experiencias, Yosso, nos trae esa claridad solar de su pintura, esa obra limpia, pura, incólume; “fuera de serie”; una pintura, nueva, única y excepcional; por la multiplicidad de estilos y maneras de expresarse, por sus personalísimas interpretaciones poéticas de la realidad dada, por su rico color vibrante y poderoso, y por su paleta limpia y extraordinariamente luminosa; pero sobre todo por eso: por haber traído a la pintura una nueva manera de hacer pintura, esto es, por haber creado estilo, un nuevo estilo.

Y porque “nadie pinta ni ha pintado así”, nunca, esas praderas (Ovella e cordeiro, Primavera), esos cielos (Igrexa de Valbuxán), esos caminos (Paysage à l´infini), esos estanques (Le cigne, Reflets), esas arboledas (Automne), esos campesinos (Sega-da-herba, Sementeira), esos niños (Pepiño, A nena da ría)…; como también y tan bien nos han explicado Lozoya, Celso Emilio, Blanco-Amor, Gerardo Diego, Montes, Trabazo, Trenas, Conde, Camón Aznar, entre otros que tan detenidamente se han ocupado de su obra “tan verdadera”. De sus obras: vitales, frescas, expresivas. De sus cuadros: llenos de vida, de verdad, de sentimiento; de novedad, frescura y lucidez, de luz y de color. Apasionados.

SU PROPIO ESTILO

Rebelde, independiente, inconformista, individualista, solitario, en su obra como en su vida, quienquiera que pretenda clasificar a Yosso, encasillarlo, ponerle etiquetas, adscribirlo a un estilo determinado o simplemente pensar en él, en su obra, con palabras heredadas, errará el camino.

Cualquier cliché le irá sencillamente como traje de bazar.

Porque posee un ritmo propio, muy personal, autónomo, que le mantiene y mantendrá siempre al margen de lo ya establecido o actual.

Y es que Yosso es un pintor al margen, intemporal, distinto a todo, completamente diferente, que no se parece a nadie; creador además, o inventor de una nueva pintura, de una nueva forma de decir o hacer; de un idioma pictórico propio, “nada teórico y absolutamente suyo; válido por sí mismo.

Para traducir pues la realidad Yosso crea un nuevo lenguaje, lenguaje que le ayudará a percibir de la naturaleza las formas esenciales: lo imperecedero y eterno. Lenguaje que pasa a veces a ser él mismo el propio tema. Tema que en Yosso pierde también a veces su importancia al convertirse el mismo medio o lenguaje, en fin.

No importa el qué se pinta sino el cómo.

En cada una de sus obras, verdaderas obras maestras, podría decirse, experimenta Yosso nuevas posibilidades de expresión.

Apuntando al vuelo las soluciones pictóricas más originales y diversas que le salen al paso. Esto es. Su propia y personal visión. Así, en “Otoño”, las gotas de aguarrás que al caer sobre el azul del cielo e ir apartando la pintura van formando nubes con el mismo blanco de la tela; y en los troncos de los árboles la pintura seca en la paleta o al borde del tubo que troceada en diminutos pedacitos y aplicada luego mezclada con pintura fresca le dará a esos troncos esa especial y sorprendente rugosidad, esa textura tan realista, con una materia de riqueza y poder expresivo formidables; o en el gato la arena cribada, casi polvo, pegada a lo que es la pared cuando todavía estaba todo húmedo, etc.; dando así diversas y muy originales soluciones a problemas concretos y puntuales.

Utilizando pues al vuelo y en cada momento la técnica que más le conviene a sus propósitos, lo mismo que Picasso, va apareciendo así el Yosso creador y “descubridor de nuevas técnicas”.

Y su propio estilo. Su propia visión. Personalísima. Dando las soluciones pictóricas más diversas y originales a su expresión plástica.

Muchas de sus obras contienen además planteamientos nuevos y obedecen a una óptica nueva y a nuevos conceptos; al realizar su pintura a través de diferentes esquemas estéticos, a veces preestablecidos (Vallejo-Nágera).

Con frecuencia también se sirve de toques de pincel o pinceladas: puntos o casi puntos en las lejanías que gradualmente se van agrandando y alargando hacia los primeros términos en rotundas pinceladas sincopadas, sueltas y resolutivas (que por supuesto nada tiene que ver esto con el puntillismo o divisionismo o cualquier otra pintura o estilo con toques de pincel o pinceladas superpuestas y amorfas o a igual tamaño y que resultan ser todo lo contrario); buscando siempre así, y como sólo él lo ha hecho o sólo a él se le ha ocurrido –esto es, a través de esas sueltas pinceladas distintas gradualmente de tamaño: particular modo de hacer distinto a todos y casi verdadera revolución conceptual-, la hondura perspectiva, la profundidad, o como decía una revista de Marsella, “pour décupler l´impact des perspectives auxquelles il a su conférer une exceptionnel profondeur”.

Por eso quizá se ha llamado también a su pintura, pintura “DIMENSIONAL” y pintura “ATMOSFÉRICA”.

REALISMO ENTERNECIDO

Para Yosso, para la pintura de Yosso, “tan verdadera”, había pues que inventar algo. Una expresión, una palabra. Que en cierto modo o casi viniera a definir, en cuanto ello fuera posible, su personal estilo o personal visión de las cosas y de la vida. Y tanta autenticidad, tanta verdad.

Había que inventar algo para la eclosión cromática de esta pintura “impar y reconfortante”. Bocanada de aire fresco, hacia el expresionismo de los colores intensos, rutilantes, encendidos. Luminosos. “Una de las pinturas más claras y luminosas de occidente”, decía Blanco Amor.

Pero el “proteico y libre” hacer de Yosso no lo permite.

“Gran pintor, de muy variada personalidad. Cada cual lo califica o clasifica a su manera, arrimándolo a sus preferencias. Pero en Arte, la clasificación poco importa, sino la obra. Y la de Yosso es fuera de serie”, se decía en el diario “INFORMACIONES” de Madrid.

“Yosso, realista y poético –escribe Camón Aznar-, posee una de las pinturas más emocionantes. Belleza pura. Perfección y genuina sencillez unidas”.

“Y es que nos trae, un nuevo, un raro realismo, un realismo distinto. Y por lo tanto una emoción nueva” (Trabazo).

Realismo “enternecido”, lo llamó CarlosAreán.

Realismo mágico, realismo poético, sí, pero un realismo muy a su manera. Espiritualizado.

Tal que sus composiciones aspirasen a ser objetos de culto.

Y con todo el vitalismo de lo inmediato, de lo incontaminado, de lo rebelde o marginal.

Yosso es el cantor de los placeres y de los trabajos inmediatos, del agua, del árbol, del río, del bosque, de la pradera, del niño, de los animales, del campesino. De todo lo bello y de todo lo que de bueno tiene la tierra. De la luz y del color.

EL COLOR Y LA LUZ SON SU PODERÍO

Como en Van Gogh, como en Monet, como en Renoir, a los que tanto ama, el color y la luz son su poderío. Lo que primero salta a la vista y nos sorprende. Y nos engancha. El soberbio colorido y la intensa luminosidad.

Y en Yosso también el dibujo. Un dibujo tan seguro, tan perfecto, que nos hace un poco recordar a los más grandes: a Durero, a Doré, a Clouet, a Holbein…

Y también ese particular buen hacer de su pintura-pintura “orixinal e xenuína”, hecha sin prisas. “Una de las más auténticas de nuestro tiempo”, decía Blanco Amor. Y Camón Aznar: “Nada de lastre, nada de cuquería, ninguna trampa, en esta obra limpia, vibrante y luminosa, pero sobre todo sentida y decente: sencillamente buena”.

Pero es el haber dado con un estilo pictórico propio, personalísimo, o sólo de él, y al que llega de una manera totalmente espontánea, creando así o inventando esa nueva manera de hacer pintura, lo que en verdad la hace única, más “fuera de serie” y perdurable.

Para Celso Emilio Ferreiro, Yosso es un pintor distinto y su pintura una pintura diferente a todas: un artista distinto que crea un estilo diferente” .

Gerardo Diego –la persona que con Camón Aznar más entendía de Arte en este país-, lo explica así: “Pero en Yosso, esas menudas, sueltas y espontáneas pinceladas impresionistas, inquietas y animadas, que persiguen con temblor nervioso la danza del sol sobre las formas, se van como distribuyendo por sobre sedosas capas o masas de color ya dadas, y en poderoso ritmo se entretejen, avanzan o retroceden como en oleadas, o superficies movedizas, pero no uniformes, sino –y ésta es la gran diferencia y el gran aporte- progresivamente agrandando hacia nosotros, hacia los primeros términos, valientes y libres, y/o empequeñeciendo hasta mismo desaparecer en las lejanías, en una nueva, original y refinada búsqueda –suave y armónica a la vez que vigorosa y decidida- de relieves, perspectivas, movimiento, gradaciones más sutiles y efectos más delicados, y terceras dimensiones imposibles: logrando en ello y así, encontrar su estilo propio”.

Y adjuntos o alrededor de su propio estilo hay en Yosso otras muy diferentes maneras o estilos y características de distintas épocas que se asocian y complementan, que aparecen o desaparecen, que se cruzan y entrecruzan en “acrobáticos saltos” hasta parecernos algunos de sus cuadros de la escuela de Manet, Monet, Renoir, Van Gogh, otros de la de Diego Rivera, y algunos surrealistas y aun del un informalismo “a su aire”.

Aunque “lo curioso de esta inseguridad en la elección de caminos –escribe Vallejo Nágera- es que marcha por todos ellos con paso firme y buen oficio”.

DIFERENTES ETAPAS

Coincidiendo en ello más o menos con lo ya apuntado por Carlos Areán, Blanco Amor, Eugenio Montes y Lozoya, las diferentes etapas, momentos o épocas que con mayor o menor duración y coherencia se fueron sucediendo en la obra de Yosso, serían: “PRIMERAS OBRAS”, “REALISMO ENTERNECIDO”, “ÉPOCA PROVENZAL”, “RETORNO A VALBUXÁN o ETAPA VERDE”, “GEOMETRISMO” y “MOMENTO ACTUAL o CLARIDAD SOLAR”.

Gerardo Diego las cita también así, tal cual, y viene a explicarnos él también cómo cada cuadro de Yosso es un estado de ánimo, y cómo a veces las diferentes maneras o estilos yossianos y características de sus distintas etapas aparecen, desaparecen o se entrecruzan y ya últimamente a su capricho y maneras.

Etapas pues, en Yosso, no sucesivas o irreversibles, sino que se interfieren.

Lo que sí aparece siempre y en primer lugar es esa “increíble luminosidad y trasparencia y el rico y vivo colorido” de sus cuadros, y “la firmeza y la maestría de un dibujante extraordinario”.

Y siempre la verdad: su verdad. Su realismo ENTERNECIDO. O esa “búsqueda incesante de la verdad poética para la pintura”, de la que nos habla El Marqués de Lozoya. Porque en Yosso, en la pintura de Yosso, todo es DEMASIADO BELLO PARA SER REAL.

EN ARTE, LA CLASIFICACIÓN POCO IMPORTA, SINO LA OBRA: Y LA DE YOSSO ES FUERA DE SERIE

En un principio es el realismo, el naturalismo, esto es, lo que más se parece o acerca a la realidad, lo que más también le pasme, asombre, atraiga, admire. Lo clásico. El Renacimiento. Y el mundo antiguo. Grecia y Egipto sobre todo.

Pero también muy pronto, a los 13 años, o sea en 1956, particulares circunstancias –que tienen un nombre: Robert Landreau- le van a permitir conocer y amar las obras sobre todo de Degas, de Renoir, de Van Gogh y de Monet. Entrando así poco a poco y muy a su manera, “con aportaciones poéticas de origen onírico”, por el impresionismo y el neoimpresionismo al postimpresionismo: “el más renovador y creador de todos los movimientos artísticos y cuna de todo el arte moderno”.

Pero ya lo dijimos: cada cuadro de Yosso es un estado de ánimo. Y Yosso “uno de los artistas más singulares y más personales”, no encajará por lo tanto en estilos o maneras ya establecidos. Debido a su rico intimismo.

Como el propio Yosso lo hizo en la práctica al inventar estilo y nuevas técnicas para su obra, así en la teoría el crítico de arte ha de atreverse también a inventar algo al referirse a Yosso y su pintura “tan verdadera”. Y no caer en tópicos y lugares comunes, muy cómodos, al querer adscribirlo “ad usum” en lo ya establecido, y con palabras heredadas.

De ahí el gran acierto de Carlos Areán al crear para Yosso su realismo “ENTERNECIDO”. Que para Camón Aznar será realismo “POÉTICO”.

Y Gerardo Diego afinará más, hilará más fino, y llamará a su pintura “DIMENSIONAL”, y otras veces “ATMOSFÉRICA”. Llegando así más lejos.

En Arte –volveremos a repetir con Alfonso Sánchez-, la clasificación poco importa, sino la obra; y la de Yosso es fuera de serie”.

Y ya como colofón o broche, este párrafo de Luis Trabazo: “De la pintura de Yosso se dirán muchas buenas cosas. Yo, para terminar, añadiría otra: que tiene imán. Algo pues, que puede arrancarnos de la pasividad, de la monotonía y de la indiferencia. Una inyección. Y es que nos trae un nuevo, un raro realismo, un realismo distinto. Y por lo tanto una emoción nueva”.

Todo eso es Yosso. Sí. Un estilo propio, personalísmo: entre otros muchos que le dan escolta; preludiándolo o a su zaga. Un gran pintor de muy variada personalidad; uno de nuestros más grandes pintores; y que cada cual lo califica a su manera y lo arrima a sus preferencias; llegando por ello hasta mismo ser el ídolo de una selecta minoría.

Y así surge Yosso y su pintura tan verdadera, tan sincera, tan enriquecida o cargada de afectividad, tan difícil de conseguir y que sin embargo parece tan sencilla.

Su particular pintura o modo de hacer tan especial y fuera de serie. Para muchos lo mejor o de lo mejor que se viene haciendo en no importa dónde desde un tiempo ya largo a esta parte. “Una de las más sorprendentes y maravillosas que hayamos tenido ocasión de contemplar desde hace mucho” (Eugenio Montes).

Un modo de hacer, rebosante de amor, de maestría y buen sentido.

Una pintura honda y transparente, como su poesía. Y libre de tutelas.

En el prólogo del Marqués de Lozoya para “HORAS DE CENIZA”, se dice: “Pintores hubo que expresándose también en verso nos dejaron poesías maravillosas; y poetas, que con colores y líneas o lápices y pinceles nos transmitieron también posturas, aspectos, rasgos fundamentales de su ser íntimo, de su alma, de su espíritu, exteriorizando así doblemente su genio y su carácter, pero raras veces con el equilibrio y la magnitud, la altura, que aquí se dan en Yosso, en José de Valbuxán”.

Yosso pintor, José de Valbuxán, poeta: “xa nun vencello estreito do home coa terra”.

Yosso pintor. Un pintor distinto creador de un estilo diferente, decía Celso Emilio que, abrollando dunha forte, fonda e estremecida sensibilidade poética, a de Xosé de Valbuxán, inda que seu “alter ego” decote ollo espreitador e lúcido rexendo cadora sobre a propia –proteiforme e universal- creación artística.

Yosso, recordemos, el pintor de los cisnes, el pintor de Narbona, el pintor de los niños, de los campesinos. Del agua, del árbol, del río, del bosque, de la pradera, de los animales. De la luz y del color. De todo lo bello y de todo lo bueno que tiene la tierra. Y el pintor también de Valbuxán. Porque, “quizás sea allí en la aldea, en Valbuxán, escribió Blanco Amor-, en donde le salen, en donde logre, los cuadros más vigorosamente puros y bellos, más decentes y descontaminados, y más sentidos y personales, de nuestra pintura. O al menos una serie de ellos tan particular y aparte, que desde luego serían muy dignos y merecedores de figurar en una antología ideal del paisaje en el Arte”.

Y es que Yosso ha alcanzado en lo artístico, tanto en poesía como en pintura, la SIMPLICIDAD, la CLARIDAD, y la GRANDEZA que sólo alcanzan algunos privilegiados.

RESUMEN DE TODO LO DICHO

Llegar a la pintura de Yosso, a su pintura “tan verdadera”, -pintura “ATMOSFÉRICA”, “DIMENSIONAL”, o realismo “ENTERNECIDO”, como se la ha llamado-, es como acercarnos o aproximarnos a su misma piel, porque en ella desde luego Yosso se ha dejado la piel y toda su vida. O mejor dicho la mitad de su vida. Pues la otra mitad se la ha llevado la poesía, esto es, José de Valbuxán, su “alter ego”.

José de Valbuxán, con su poesía estremecida y palpitante, luminosa y profunda, vivencial. Apasionada. Lo mismo que su pintura.

Una poesía “en carne viva”, y que recuerda bastante a la de Antonio Machado también en cuanto a que “rara vez en nuestra poesía se habrá encontrado un testimonio más sincero y auténtico”.

Poemas y pinturas, pinturas y poemas, con voz propia, personalísimos, personalísimas; vivenciales; tan verdaderos, tan verdaderas, que son esencias intransferibles: quintaesenciadas.

Así se entiende que los críticos se detengan atónitos ante una obra “fuera de serie”, “en carne viva”, desnuda, única, de tan auténtica, personal, directa, humana e incomparable no sólo en nuestra pintura sino también en poesía.

Artista excepcional, rebosante de vitalidad, inventor o “descubridor de nuevas técnicas”, pintor, poeta, dibujante, ilustrador, a veces escultor, Yosso, José de Valbuxán, es el creador –“unha creación artística orixinal e xenuína”- de una obra clara y cálida, emocionante; de una obra con vida propia, autónoma; de una obra APASIONANTE, MÚLTIPLE y LIBERADORA.

Autenticidad y libertad. Mucho de sinceridad. Y un estilo propio.

Quienquiera que pretenda clasificar a Yosso, encasillarlo, adscribirlo a un determinado estilo que no sea el suyo propio –el por él inventado-, o simplemente pensar en él, en su obra, con palabras heredadas, errará el camino.

Cualquier cliché le irá sencillamente como traje de bazar.

Porque Yosso posee un ritmo propio, un estilo personalísimo, un lenguaje autónomo, que le mantiene y mantendrá siempre al margen de lo ya establecido o actual.

Y si como pintor es múltiple, cambiante, “proteico”, y tan difícil, casi imposible, hablar de él o de su obra, de su arte, brevemente por su personalidad “tan compleja y fuera de lo común como para sintetizarla en pocas líneas”, también como poeta. Que si todos somos no otro sino muchos yo, y “dentro del hombre hay multitudes (Whitman), más, si ese hombre es poeta. Que a veces será romántico, a veces épico, a veces lírico, otras áspero y violento, según y cómo o al mismo tiempo, poeta intimista o social, clásico o futurista, místico, amoroso y carnal o erótico, en el caso de José de Valbuxán no sólo con poemas censurados, sino con libros enteros prohibidos allá en la correspondiente sección del Ministerio de Información y Turismo de Madrid.

Además el ser poeta da a todo, también a la pintura, otra dimensión, otras dimensiones. Nuevas dimensiones. Quizás por eso Gerardo Diego llamó a su pintura, a la pintura de Yosso, “DIMENSIONAL”.

Etapas: “PRIMERAS OBRAS”, “REALISMO ENTERNECIDO”, “ÉPOCA PROVENZAL”, “RETORNO A VALBUXÁN” o ETAPA VERDE”, “GEOMETRISMO” y “MOMENTO ACTUAL o CLARIDAD SOLAR”.

El color y la luz son su poderío.

Como el propio Yosso lo hizo en la práctica al inventar estilo y nuevas técnicas para su obra, así en la teoría el crítico de arte ha de atreverse también a inventar algo al referirse a Yosso y su pintura “tan verdadera”; y no caer en tópicos y lugares comunes, muy cómodos, al querer adscribirlo “ad usum” en lo ya establecido, y con palabras heredadas.

De ahí el gran acierto de Carlos Areán al crear para Yosso su realismo “ENTERNECIDO”. Que para Camón Aznar será realismo “POÉTICO”.

Y Gerardo Diego afinará más, y llamará a su pintura “DIMENSIONAL”, y otras veces “ATMOSFÉRICA”. Llegando así aún más lejos.

En Arte –volveremos a repetir con Alfonso Sánchez- la clasificación poco importa, sino la obra; y la de Yosso es fuera de serie.

Yosso crea y se recrea en sus pinturas, en sus dibujos e ilustraciones, con gran soltura, con trazos sabios, con empeño en la perfección, en las texturas, en las perspectivas, y equilibrios, en la matización cromática, en el bien hacer para acercarse y acercarnos en cada obra a la obra maestra. A veces con cuidado minucioso, a veces simplificando. Progresista e inconformista siempre, su puro instinto de artista nato se apoya en una depuración o purificación intelectual.

Campoy, Vallejo Nágera, Celso Emilio, Alfonso Sánchez, Santiago Amón y el Marqués de Lozoya, estaban en su exposición del Ateneo. Y también Camón Aznar.

Vallejo-Nágera que en la presentación explicaba las múltiples maneras, caminos o estilos, incluso estilos propios, “vuelos personales, a su aire”, seguidos por Yosso en su pintura –y entre los varios estilos también lógicamente o naturalmente y queriendo arrimar así el ascua a su sardina, mismo un poco pretendiendo ver en algún cuadro, contra “consensus omnium” o contra sensus communis, el estilo que a él, a Vallejo-Nágera, más le llegaba al corazón, comentaba con López Ibor y con Lozoya después de ver la exposición, que Yosso a quien no conocía personalmente aunque sí a parte de su obra resultaba un pintor de los más enormemente interesantes, originalísimo, de muy variada personalidad; uno de los que más impacto le había producido; uno de los grandes; y de los que le llegan a uno al corazón; aunque no autodidacta pues que tuvo varios y muy estimables profesores, y que era larga su preparación estética y su refinamiento cultural; un maestro; y que además componía, y componía académicamente, siendo además un extraordinario dibujante; pero que pese a todo esto y pese a toda esa su evidente maestría técnica y variedad de estilos y de caminar por todo ellos con paso firme y buen oficio, y estilos propios, se realizaba el milagro.

Porque se mantenía puro, veraz, independiente, insito, él mismo, libre, incólume, innato, instintivo, espontáneo, fresco, por toda su obra, con una de ls pinturas más puras, más “veraces e independientes”, más auténticas, sinceras y magistrales, y desde luego una de las más interesantes, “interesantísima”, como decía Campoy.

Aunque Campoy también había dicho ya en el “ABC” que Yosso muy bien pudiera ser ese pintor que muchos esperábamos. Días más tarde y en la misma exposición Lafuente Ferrari me explicaba así la pintura de Yosso: Puras pinceladas esquemáticas, buscando intensidad y perspectivas, amorosa y sabiamente ejecutadas con soltura y fluidez, sueltas y escasas, pero componiendo al contemplarlas un original, vibrante y sorprendente efecto o aspecto realista, un nuevo, poético y colorista sentido de luminosa y fresca realidad, y perspectivas nunca hasta ahora así logradas.

Y en fin. Su particular pintura o modo de hacer tan especial y fuera de serie, variada, paciente, sin prisas, para sí mismo, rebosante de amor y de maestría, es para muchos “lo mejor o de lo mejor que se viene haciendo en no importa dónde desde un tiempo ya largo a esta parte”.

Lo universal, la universalidad, está en la aldea. En lo particular. Y será “en Valbuxán –escribió Blanco Amor- en donde le salen o donde logre, los cuadros más vigorosamente puros y bellos, más decentes y descontaminados, y más sentidos y personales, de nuestra pintura. O al menos una serie de ellos tan particular y aparte, que desde luego serían muy dignos y merecedores de figurar en una antología ideal del paisaje en el Arte”.

Celso Emilio Ferreiro escribió también: É pois a de Yosso unha obra de arte auténtica, enteiramente aparte, propia e persoal, que é o único xeito de se-lo tamén universal. Unha obra de proxección universal. Xenuína, enxebre, vasta e fundamentalmente humana, todo ó mesmo tempo.

Y es que Yosso ha alcanzado ya, en lo artístico, tanto en poesía como en pintura, la SIMPLICIDAD, la CLARIDAD y la GRANDEZA que sólo alcanzan algunos privilegiados.

M. HERMIDA BALADO

Madrid, 1986

COMENTARIOS A SUS PINTURAS

Comentarios construidos a partir de todo lo hasta ahora escrito acerca de
Yosso y su pintura.
Manuel HERMIDA BALADO Eugenio MONTES 

Estos personales comentarios míos a las pinturas de Yosso están sacados como ya queda dicho en el título, de todo lo hasta ahora escrito acerca de Yosso . Mi fe en su obra es total. Más tarde o más temprano ella saldrá a la luz. Y por eso me empleo un poco en esto sabiendo que no pierdo el tiempo, y a sabiendas también de que “toda vida bien empleada es una larga vida”, como decía Leonardo da Vinci.

Le dedico pues, un poco de mi tiempo con todo el afecto y toda mi admiración profunda a su vida y su obra, ya que, pese a la mala suerte y a las circunstancias de la vida que se conjugaron pertinaces contra él, logró, mantenerse siempre puro, él mismo, e imponernos su manera de ver y sus colores y su poesía a través de unas obras que alcanzan la más profunda serenidad y las más radiantes armonías; y ante las que a veces se aspira la misma sensación casi de sosiego y de paz, y escalofrío, que se siente por ejemplo –momentos inolvidables- en la Capilla Médicis ante las más excelsas esculturas de Miguel Ángel.

La obra de Yosso como la de Renoir , es (y me refiero a su obra pictórica y no a su atormentada obra poética), como un himno a la alegría y restituye a la tierra el paraíso. Su originalísimo estilo de expresivas y sueltas pinceladas progresivamente agrandándose para conseguir las peerspectivas –él el primero en conseguirlas de este modo-, es un estilo a la vez enérgico y poético impregnado de intenso erotismo. “Su fuerza erótica alcanza el esplendor de la poesía”. Pero no sé por qué razones o misteriosas afinidades, su obra, en general, me trae a la memoria la de Sisley, Corot, Van Gogh, Renoir, Monet, Vermeer, Chardin, Giorgione…

Pintura estremecida, resplandeciente, atractiva, evocadora, innovadora. Técnicamente una manera fluida y luminosa, que debe bastante a la acuarela. Pintura penetrada de musicalidad y espiritualidad, sincera, honesta, intimista, cristalina, transparente, en un clima alegre dentro de un colorido excelso. Ejecución vibrante y laboriosa, originalísma, riqueza cromática, frescura luminosa, evidente maestría, verdad, instinto, ciencia, fuerza, hondura, no distraen, “dicen”. Y Yosso logra fundirlo todo de la manera más viva y apasionada, en “verdaderas joyas luminosas y puras” , joyas inapreciables. Armonías supremas. Mediante esas originalísimas pinceladas que tanta magia y vitalidad imprimen a su obra.

Y bien. Gracias a Eugenio Montes, mi inolvidable amigo, por nuestras conversaciones, por tanta atención y tantos y tan buenos comentarios. Que al fin y al cabo son estos. Y gracias sobre todo a Yosso por sus obras. De las que dejo sin tocar o aparte, un mundo aparte, sus dibujos increíbles, a los que considero tan buenos e interesantes o más que sus óleos. Esos asombrosos dibujos que como decía el Marqués de Lozoya, “van desde un realismo perfecto hasta el más puro y original creacionismo” , y de los que quisiera citar al menos su “Autorretrato”, su “Dibujo surrealista”, “Transparencia”, “Inspiración”, “Ensoñación”, “Anxo polifónico”, “Fonda aperta”, etc.

Su imaginación prodigiosa se desborda en estas fantasías exuberantes. Y seducen por su estilización y precisión pero sobre todo por su belleza y casi perfección. Y qué decir de su pintura al pastel; esa pintura aterciopelada, parte de cuya belleza es que conserva toda su pureza de colores y en la que el artista –como dice James Olgivie- “puede conseguir simple y directamente la correcta armonía cromática, que en la pintura al óleo raras veces se encuentra en el tubo el color que se necesita, y hay que mezclarlo, y en tal proceso se pierde a veces la espontaneidad de la primera impresión acerca del color”. 

Dibujos y pasteles o pinturas al pastel que tanto complementan y enriquecen la obra múltiple, apasionante y liberadora, “una, proteica y libre”, de Yosso, “un pintor distinto, creador de un estilo diferente”, como escribió Celso Emilio Ferreiro. Con Yosso una nueva manera y una limpidez nueva recorren la pintura y uno se vuelve a encontrar con la grandeza de la Antigüedad.

Para definir a Yosso –me decía Eugenio Montes- sólo hay una palabra: Yosso Porque con Yosso el pincel dibuja, pinta, se entusiasma, apasionado, y radiante de luz y cromatismo se expresa amoroso y magistral con una técnica nueva: genio innovador de nuestra expresión plástica.

Y ESTOS SON LOS COMENTARIOS , mis comentarios, a las pinturas de Yosso; comentarios construidos a partir de todo lo hasta ahora escrito acerca de Yosso y su pintura; comentarios pues en cierto modo ya más que míos o tanto como míos del Marqués de Lozoya, Eugenio Montes, Julián Gállego, Lafuente Ferrari, Camón Aznar, Gerardo Diego, José García Nieto, Joaquín Calvo-Sotelo, Paz Andrade, Areán, Trabazo, Trenas, Raúl Chávarri, Manuel Conde, L`abbé Coll, Santiago Amón, Blanco-Amor, Vallejo-Nágera, Celso Emilio Ferreiro, etc., etc. Pero sobre todo de Eugenio Montes que los supervisó, y también Santiago Amón.

Estos son los comentarios, y ésta es la obra, original y deslumbrante, y testimonio singular de uno de los artistas más interesantes y exquisitos del siglo: Yosso. La obra, toda luz y vida, de un “verdadero genio”, de un verdadero demiurgo, o creador, ex nihilo, por capaz de encontrar en sí mismo todas las fuentes de su inspiración. Obra que ya no es sólo el reflejo del mundo sino una expresión del universo íntimo de su autor. Como escribió Celso Emilio Ferreiro, “cada cuadro de Yosso es un estado de ánimo”, y, “es un pintor que no pretende representar el mundo sino interpretar su propia vida interior, una, proteica y libre”. De ahí que nos encontremos en Yosso una pintura tan auténtica, “tan verdadera”, tan personal y única, y a la vez tan rica y variada, y tan compleja y fuera de lo común, “fuera de serie”, que no es posible hablar de ella brevemente o sintetizarla en pocas líneas.

“Gran pintor, de muy variada personalidad. Cada cual le califica o clasifica a su manera, arrimándolo a sus preferencias. Pero en Arte la clasificación poco importa sino la obra, y la de Yosso es fuera de serie”, decía Alfonso Sánchez en su columna del diario “Informaciones”.

“Pintura atmosférica” y “pintura dimensional”, llamó Gerardo Diego a la pintura de Yosso.

“Realista y poética”, decía Camón Aznar. “Realismo enternecido”, decía Areán. Realismo, sí, pero un realismo tremendamente subjetivo, subjetivado, personalísimo. “Y es que nos trae un nuevo, un raro realismo, un realismo distinto: y por lo tanto una emoción nueva” (Trabazo). Innovación y originalidad. Sí. Innovación y originalidad. Y por ello también pintura revolucionaria, rebelde, reivindicatoria. Yosso, mesías regenerador del arte.

“Parmi les pintures les plus vrai, decentes, pures, claires et originaux de ce siécle qui se rapproche a sa fin, il y a á coup sur cette de Yosso, tonique est réchauffant, qui reste éloignée, de tout mouvement pictural, pour demeurer, tout seul libre et vigoureusement, personnel, dans un monde poétique, hors du temps et de modes qui ne se démodent pas”, escribió en Narbonne L`abbé Coll.

“Desde luego es una de las más sorprendentes y maravillosas que hayamos tenido ocasión de contemplar desde hace mucho, y gran parte de ella muy bien podría contarse entre la más bella y cautivante por no decir de lo mejor que se viene haciendo en no importa dónde desde un tiempo, ya largo, a esta parte”, es también lo que nos dejó escrito Eugenio Montes.

COLOFÓN O EPÍLOGO

Y a modo también de resumen, en fin. “Chacune de ses compositions devient un chef-d´oeuvre d´originalité et habilité”.

Pero no sólo los óleos, sino también acuarelas, pinturas al pastel, dibujos a lápiz, plumillas, carboncillos, y alguna que otra escultura.

uno ya no sabe bien por qué inclinarse: si por las “plurales maestrías de sus óleos tan vitales, o por esa transparente y luminosa “gracia alada” de sus pinturas al pastel o a la acuarela, o sus magistrales dibujos hiperrealistas al carbón, o esos trazos increíbles, seguros, perfectos, nítidos, de sus asombrosos dibujos surrealistas o dibujos inventados, o las sentidas y creadoras líneas de sus poéticas ilustraciones en por ejemplo “A festa das festas”, “A Virxe das Ermidas”, o las que tiene también preparadas para “Color de nieve” o para el “Himno al roble”.

Por todo a la vez, claro. Aparte esa su nueva manera, única, de hacer pintura. Por ese rico colorido, limpio y puro, y ese perfecto dibujo que siempre en todo lo suyo como base o soporte bien se echa de ver o se adivina. Y esa mezcla de madurez y de frescura de la que hablaba Gerardo Diego. Y toda esa “evidente maestría”, toda esa radiante claridad –“claridad solar”, decía Camón Aznar- de su pintura “tan verdadera”, “tan orixinal e xenuína”, tan distinta y única, tan suya, tan “fuera de serie”; y todo ese esplendor, todo ese “radiante cromatismo”, toda esa luz, belleza, armonía y perfección.

ero sobre todo por esa su ya dicha nueva manera de concebir la perspectiva y el espacio a base de sueltas pinceladas progresivamente agrandándose. “De menor a mayor creciéndose valientes vienen a mí./ Como en oleadas o superficies movedizas se aproximan./ Y Yosso el primero y único en ofrecérnoslas así” (Gerardo Diego). PINTURA ATMOSFÉRICA, PINTURA DIMENSIONAL, la llamó Gerardo Diego. Pintura: que para el que la conoce pasa a ser su favorita o una de sus favoritas.

Es una pintura bellísima, única, inolvidable, representativa, coloquial. Una pintura vital, y de expresión muy nueva. Recreada con amor pero sin prisa. Obra lenta. De ahí que sea escasa. Y quizás también lo de no hacer exposiciones, ya que se la reserva en la medida de lo posible. Pero una vez se la conoce se la prefiere no sé por qué, pero es también lo que les pasa a aquellos que me hablaron de ella” (Trabazo).

INTURA ALEGRE Y SOLAR , clara y profunda, personalísima, liberadora, resplandeciente, optimista, en la que para nada transparece su atormentado vivir de artista, su alma atormentada, su dolorosa vida, que él deja para sólo en sus poesías.

así, poeta atormentado y pincel feliz o pintor feliz, en sus poesías, toda su vida tal cual para el que quiera conocerle más, más de verdad, o íntimamente, toda su problemática, todos sus sobresaltos cotidianos perentorios o existenciales, querencias, desamores y demás avatares personales y ambientales, toda su oscura y dolorosa vida de pobre emigrante, bohemio, soñador y trotamundos, poesía vivencial, puntual, puro desahogo, necesario desahogo, carne viva; y en su pintura, toda su ansia o necesidad también, de todo lo que la vida le ha negado o le falta: luz, color, armonía, equilibrio, claridad, alegría, belleza, perfección.

Suerte que tiene su pintura –como él mismo admite- de que sea también poeta. “Nadie diría –escribió Lozoya- que esta tan alegre y luminosa pintura hubiera salido de un hombre cubierto de cicatrices. En cada pincelada trasciende la fe en su propia obra”.

Pero detrás toda una vida de lucha, de entrega y dedicación absoluta, íntegra y honrada al Arte sin nada pedir a cambio.

Como él mismo ha dicho: “A la Pintura y a la Poesía les hice oferta gratuita de mi propia vida; y me cogieron la palabra”. Y también: “Si mi vida son dos días, daré uno a la Pintura y el otro a la Poesía”.

Alfonso Sánchez escribía en su columna del diario Informaciones: “En el Ateneo expone YOSSO, José Porto. Gran pintor, de muy variada personalidad. Cada cual le califica o clasifica a su manera y arrima a sus preferencias. Pero en Arte la clasificación poco importa, sino la obra. Y la de Yosso es fuera de serie”.

Es pintura hecha con amor, explica Vallejo-Nágera, y eso se nota y le da un especial atractivo que, sumado a la evidente maestría de ejecución despierta en el coleccionista esa comezón que sólo se calma “teniendo un YOSSO”. Evidente y asombrosa maestría, pero con todo sentimiento, con todo amor. Instinto “razonado” para así corregir los posibles errores. Evidente maestría, sí, pero también aautenticidad. Fruto de su total entrega y pasión. Y es que Yosso “nació ya pintor y poeta” (Lozoya).

SIEMPRE TRAS LA MÁXIMA BELLEZA y perfección posible, en Yosso, a pesar de su preocupación formal y técnica, a pesar decíamos de esa “evidente maestría”, a pesar de su asombrosa lucidez, saber y profesionalismo, se hace el milagro, y TODO ES FRESCO, PURO, NATURAL, todo pasa primero por el corazón o el sentimiento. Y ese es el camino, su camino, desde el corazón a los labios, al lienzo, al papel, a través de los dedos y el lápiz o el pincel. “É unha obra –escribió Celso Emilio Ferreiro- concebida e levada a efecto a través dunha sensibilidade, (…) testemuño de amor e de tenrura”. Pintura pura, pura pintura. “Vibrante fruición amorosa en la mirada y en el tacto”.

La luz y la vida no llegan al cuadro, brotan del cuadro: y así cada obra de Yosso, respira, vive, tiene vida propia. Y esa es la cuestión. La única cuestión. Pues un cuadro tiene o no tiene vida propia, y no hay más que hablar; pero tampoco menos. Por eso pintar y hacerlo bien es tan difícil, y sólo lo logran los predestinados, los elegidos. Porque en Pintura lo mismo que en la vida real la mujer es ella la que elige a uno y no uno el que elige ser pintor. Y así se dice también que el artista nace, no se hace.

COMO EN LEONARDO y sus otros pintores favoritos, Renoir y Van Gogh a la cabeza, en la pintura de Yosso amorosamente y magistralmente todo va emergiendo poco a poco desde el interior hacia el exterior, desde lo íntimo a la superficie, como por autogénesis. En Yosso con ese su estilo propio y único a base de esas sueltas y espaciadas pinceladas esenciales, sustanciales, progresivamente agrandándose valientes y libres. “Coa súa obra tan peersoal, distinta, inconfundible, e mesmo tamén innovadora, YOSSO déixanos unha maneira de pintar, un outro camiño aberto, un banzo, un eslabón más: ó longo, o único a ter en conta”, decía Blanco-Amor. Y si Yosso es de los mejores, es por esto.

En cada una de sus realizaciones o creaciones, Yosso nos invita a indagar la minuciosidad de su lenta y cuidadosa elaboración y la complejidad de sus propios ritmos compositivos naturales, y constructivos mentales, intelectuales, en el espacio tridimensional. Se quiera o no uno se mete en su pintura.

Él hace que un impalpable espacio atmosférico se interponga entre nosotros y sus cuadros. Y nos atrapa, “nos cala, nos penetra y va envolviendo en una atmósfera aparte, de intimidad sugerente y entrañable” (Gerardo Diego).

ANTES DE PINTAR AL ÓLEO o al mismo tiempo, allá por cuando tenía diez, once, doce, trece años, Yosso pintó y mucho y con muy buenos profesores, a la acuarela, y quizá le venga de ello, de ella, de la acuarela, toda esta diafanidad, claridad y trasparencia de sus óleos, y ese decirlo todo o lo máximo con lo mínimo, de pintura; al fin y al cabo verdadera y única muestra de una real y evidente maestría. Pura potencia.

Y además ahí está que en Yosso la cristalina pureza de la luz, de su luz, se traduce en una plástica esencial y espacial, “espacio-luz”, a la vez “transformando” o ayudando a transformar también “de modo revolucionario el lenguaje perspectivo”: junto a, a la par o ya del todo con esa su nueva manera tan original y sólo suya de conseguir la profundidad, las perspectivas, por medio de las tan yossianas traídas y llevadas sueltas pinceladas que siempre progresivamente agrandándose y alargándose se llegan hacia nosotros, hacia los primeros planos. “En la excelencia de su arte claro y profundo, y la maestría e su oficio, -escribió Santiago Amón-, YOSSO constituye un caso aparte, inclasificable: originalísimo creador de una poética pictórica de sólida raigambre realista, nos introduce a una nueva dimensión y un nuevo lenguaje, de gran comunicación, con el exquisito refinamiento cromático de su pintura “tan verdadera”, y la perfección y delicadeza sensitiva de sus dibujos increíbles. Tanto en pintura como en pooesía no describe, sino que vive”. “Parece que está viva”, uno exclama y también lo escucha decir, ante cualquiera de sus obras. Innovación y originalidad, decíamos: y por ello también pintura revolucionaria, rebelde, reivindicadora: Yosso, mesías regenerador del Arte.

PINTURA REVOLUCIONARIA a pesar suyo, sí, innovadora, distinta, única, fuera del tiempo y de las modas, “fuera de serie”, originalísima, sólo suya, a través de esas sueltas pinceladas progresivamente agrandándose y alargándose en ordenada perspectiva en busca de una nueva manera de hacer pintura, una nueva visión, un nuevo cauce expresivo, un nuevo estilo:pero sin tener necesidad de negar nada de lo anterior.

Auténtica pintura personal, personalísima. Única. Revelándosenos así contra todo y contra todos: “Al transformar de modo revolucionario el lenguaje perspectivo.

«Yosso es un pintor distinto y su pintura una pintura diferente a todas: un artista distinto, creador de un estilo diferente” (Celso Emilio Ferreiro).

Y ahí está enarbolando el color y la verdad, de su pintura, tan distinta a todas las pinturas y por ello como decíamos revolucionaria . Y ahí está, con su peculiar estilo, sus ordenadas perspectivas, sus profundas perspectivas, su especialísima pintura. Apasionada. Sincera. Ebria de sencillez, de frescor, de espontaneidad. De luz, y por lo tanto de espiritualidad. Pura: y por lo tanto siempre por descubrir. Y ahí está, su dominio excepcional del dibujo y la composición. Y ahí está su gran capacidad expresiva y su gran sensibilidad y sutileza de ejecución. Y por demás toda esa belleza y perfección –“Yosso, la suma perfección y belleza-, todo ese “radiante cromatismo”, toda esa claridad “solar” de su pintura. De su pintura-pintura “tan verdadera”. Tan singular y única. Tan suya.

”NOS INTRODUCE A UNA NUEVA DIMENSIÓN”, sí, “un nuevo lenguaje de gran comunicación…”. Pintura atmosférica, pintura dimensional. Perspectiva dimensional, y una especial atmósfera cromática. Táctil y visual.

Una obra original, una forma de decir, un estilo, YOSSO, y su particular realismo “enternecido”, vibrante y luminoso, dice uno de los titulares que le dedicaron.

Su preocupación por construir el espacio, por las perspectivas aéreas, y las profundidades, es quizá lo que hizo aparecer en su pintura y así en el mundo y en la historia de la Pintura esa “nueva dimensión” innovadora que la caracteriza: todo ese nuevo estilo o nueva forma de pintar que tan detalladamente y bien han explicado sus comentaristas y biógrafos.

Una nueva visión, un nuevo cauce expresivo, evidencia plástica, espiritual y vívida, y habrá que repetirlo una vez más, en ello está el quid de la cuestión, a base en muy gran parte de su obra de esas sueltas pinceladas que valientes y libres se vienen ordenadamente espaciadas agrandando hacia los primeros planos para crear o conseguir así esas profundas perspectivas y terceras dimensiones, “pour décupler l´impact des perspectives auxquelles il a su conférer une exceptionnelle profondeur”, cosa en verdad bien sencilla, ahí está, se dice, y bien se ve, pero que nunca –como explican sus críticos y los estudiosos de su obra- nadie en la historia de la Pintura se había valido o servido de esas sueltas pinceladas así dispuestas progresivamente agrandándose para conseguir, por sí mismas ya, sin más, el espacio, la atmósfera, la profundidad, las perspectivas, “las más nuevas y rotundas perspectivas”.

UN CHROMATISME HORS-PAIR.- “Il nous propose un espace maitrisé soumis à sa volonté de construction, et nous offre des volumes se complétant sur un rythme puissament évocateur et un chromatisme hors-pair”. Camón Aznar escribía en su “PRESENTACIÓN” de Yosso: “Era hora ya de que la gran pintura volviera a ser. Difícil. Sólo para los elegidos. Pintura de verdad. No basta hacerse pintor, hay que nacer. La poesía tampoco se hace cuando quiere uno sino cuando ella quiere”.

En sus cuadros, plenos, de belleza, claridad y frescor y hondamente sentidos, todo está cuidadosamente y magistralmente trabajado por igual.

Él nos dice que no quiere que su pintura resulte clásica o moderna, sino clásica y moderna a un tiempo, al mismo tiempo. O intemporal. Y lo ha conseguido. Además cada una de sus obras es sencillamente una obra maestra, culminación por otra parte de lo hecho por el impresionismo y de todo el postimpresionismo y posteriores intentos hasta hoy.

SIN DUDA YOSSO BIEN PUEDE SER ese pintor que esperábamos, como escribió don José Camón Aznar, presidente en París de la Asociación Internacional de Críticos de Arte. Ya que su pintura es también sin duda una de las más bellas e interesantes y de lo más gratificante que hoy pueda verse: una de las más sorprendentes y maravillosas que hayamos tenido ocasión de contemplar desde hace mucho, por no decir de lo mejor que se viene haciendo en no importa dónde desde un tiempo ya largo a esta parte, como escribió Eugenio Montes. Pues se la sitúa además a la altura de las mejores obras que por los museos resplandecen. Y como bien se ha dicho también y bien puede comprobarse o bien se ve –quien tenga ojos para ver que vea, y basta- cuanto más y más se la mira más y más admira y gusta.

Y es que, ¿dónde hoy pintura tan bien hecha? ¿Dónde pintura “tan verdadera”? ¿Dónde pintura en la que alguien deje o haya dejado tanta vida, tanto de sí mismo? ¿Dónde pintura tan limpia, tan pura, y a la vez tan resplandeciente y tan alegre, luminosa, vital, apasionada, satisfactoria, decente, descontaminada? En Yosso la luz y la vida no llegan a sus cuadros: brotan de sus cuadros. Tienen luz propia, vida propia.

Y ASÍ PARA CASI TODOS los que se acercan a su obra, Yosso pasa ya a ser poco menos que el pintor favorito o el preferido, el esperado, “el pintor más deseado”. Como decía Campoy, Yosso nos sorprende gratísimamente pues pude ser ese puro pintor y auténtico pintor que esperábamos, sincero y apasionado compositor de un mundo que en su pormenor quisiera captarlo todo con fidelidad y cuyo resultado es una esplendorosa, alegre, sugestiva y poética o espiritualizada visión enternecida de la vida. “Un verdadero genio”, se ha dicho. “Uno de los valores más importantes, universales”, “uno de los artistas más completos, capaces y dotados”. Con ese encanto virginal de su obra “impar y reconfortante, refugio de todas las fatigas”. “Una obra de proyección universal”. Cada obra, obra maestra: digo.

No le gusta exponer. Para él es como prostituirse, desnudarse, mostrarse, ponerse un precio, venderse. Desde luego que si se prodigara más, el solo conocimiento de sus cuadros, de su obra, haría de Yosso ya sin más uno de los pintores o el pintor más comunicativo y popularmente aceptado o el más reconocido y de más aceptación popular. Para gustos se pintan colores; pero en general, conocerle es sentirle uno su favorito.

Su calidad suprema es evidente hasta para el más profano. Gusta sin remedio y se nos mete hasta el alma. Pero Yosso, el maestro, “el maestro de maestros”, como decía Lozoya, está al margen de todo, lo que no sea sólo y sencillamente pintar o escribir poesías. Retirado en Valbuxán, aislado totalmente y marginado oficialmente, él prosigue sin más su callada pero magna labor, enriqueciendo así la pintura universal con sus sencillas innovaciones, personalísimos recursos, aportaciones, y no sólo en cuanto a técnicas, sino también en cuanto al colorido, a la composición, a la perspectiva, y a la misma concepción: con esas altas creaciones extraordinariamente luminosas y sus múltiples logros estéticos, en diferentes series innovadoras de dibujos inventados, luminosos paisajes imaginarios, increíbles retratos geométricos o lineales, óleos fabulosos y sorprendentes, llenos de luz, de colorido, de vida, de originalidad total, a base de esas sueltas pinceladas progresivamente agrandándose, etc. etc. Auténtica pintura personal. “Parfois il adopte technique qui se rapproche ou bien qui nous rappele un peu le divisionnisme mais non, trope-l´oeil, ceci est tout aautre chose, c´est sa manière, un autre style, il a creé un autre style, son propre style, un nouveau style tout à fait personnel, pour décupler l´impact des perspectives auxquelles il a su conférer une exceptionnelle profondeur”.

REINVENTAR LA PINTURA.- Algo olía a podrido en la Pintura. Algo iba mal. Descomponiéndose. Corrompiéndose. Todos lo veíamos. Todos lo sabíamos. La Pintura no marchaba bien. Había, pues, que reinventarla. Había que reinventar la Pintura. Alguien tenía que hacerlo. Alguien tendría que hacerlo. Y Yosso lo hizo. Yosso fue el elegido, o uno de ellos.

UN CLÁSICO DEL SIGLO XX.- Figura atípica, anómala, única; un verdadero genio, revolucionario, innovador, “fuera de serie”; poeta espléndido y pintor excepcional, irrepetible, de fulgurantes iluminaciones; artista único, con acento universal propio; Yosso es el más claro, raro ejemplo, se ha dicho y dicho queda, de cómo un pintor puede seguir siendo muy de su tiempo, de un tiempo y de un lugar, sin perder por ello el contacto con la constante de la grn pintura. Un clásico del siglo XX.

Comentarios a las pinturas de Yosso